Bob Pop: “Soy una ‘vedette’ intelectual”

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Roberto Enríquez triunfa con sus sermones laicos en ‘Late Motiv’ y cree que lo subversivo hoy es ser feliz

Recibe en la sala VIP de lo que él llama su casa, la sede de #0 a las afueras de Madrid, donde acampa de lunes a jueves para “cocodirigir” el programa de Buenafuente y preparar su propia homilía semanal junto a su “jefe y maestro”. El resto del tiempo reside en Barcelona con su marido “catalombiano” (colombiano-catalán), junto al que vive, dice, la etapa más feliz de su vida. Lejos de los trajes rosa chicle y las camisas de daltónico que luce en pantalla, parece un prodigio de minimalismo. Pantalón de felpa gris, camiseta negra, colorido pañuelo entre palestino y pamplonica, y gruesas gafas verde loro como escudo anti-intrusos. Eso cree él. Mirándole al fondo del ojo se le ve todo. O casi.

¿El hábito hace al monje? Lo digo por esas pintas que me lleva.

¿No estoy mono? Me he puesto pañuelo de colorinchis para la foto y las gafas son totales. Visto fuertecito, sí. La ropa es a la vez una forma de enfrentarse al mundo y una barrera de protección frente al mismo. Vestirse es un editorial.

O sea, que trabaja hasta vistiéndose. ¿No desconecta nunca?

Solo cuando follo.

Eso son 20 minutos.

Habla por ti. Un buen polvo es hora y media o dos muy ricas.

Bob Pop era su alias en su blog. ¿Es un bloguero venido a más?

Soy un venido a más en todo. Yo lo que hago es cabaret ideológico. Soy una vedette intelectual.

¿Y un predicador? Sus ‘vis a vis’ con Buenafuente parecen un sermón ¿a los Corintios?

Sí, pero no para los míos, o los nuestros; no para los convencidos. Es un sermón para infieles. En realidad, yo tendría que montar una secta y forrarme.

¿Cómo ve el panorama fuera?

Desafiante. Es un panorama ante el que nos tenemos que movilizar y posicionar. Y asumir que la política no la hacen los demás, sino que la hacemos todos.

¿Cómo la hace usted?

Pensando, hablando, escuchando, leyendo, haciendo radio, tele, prensa. Protestando. La rabia es política. Nos hace falta la rabia, porque si no, nos adormecemos, nos volvemos complacientes con lo que ya tenemos y nos conformamos con el mal menor.

¿Qué es lo subversivo hoy?

Ser feliz. Nos quieren tristes, desconfiados y desesperanzados. Ante eso, la rebeldía es la felicidad y los afectos. Una felicidad rabiosa, militante contra la inercia.

¿Siempre nos queda la ironía?

Siempre, pero casa mal con Twitter. La ironía es un arma para las distancias cortas y las conversaciones largas. Deberíamos olvidarnos de usar siempre titulares, y tener conversaciones sobre cosas que den contexto, aunque sean un poquito aburridas.

A algunos, con las pantallas, tres párrafos se nos hacen bola.

Pero eso es como el ejercicio. Es algo a lo que nos tenemos que forzar, y gozar. La lectura me parece fundamental. En este mundo de programación, donde todo es un algoritmo, ir a una librería y escoger un libro al azar, es una forma de hackear el sistema que nos está programando.

¿Leer es hoy antisistema?

Es superpunki. Pero no leer un libro o ver una película que te sugiera Amazon, que te conoce y controla por tu huella digital, sino elegir una random. Salirnos de la inercia intelectual a la que nos llevan es la gran rebeldía y puede hacer saltar todo por los aires.

Como crítico de televisión le fascinaba Terelu Campos. ¿Qué podemos aprender de ella?

Me fascina porque tiene eso de intentarlo constantemente, caerse y levantarse, levantarse y caer. Esa idea de “todo lo que me cabe es mi talla” que yo estamparía en camisetas. Es una filosofía de vida magnífica. Terelu somos todas.

¿Y qué le pareció el despliegue por el rescate del niño Julen?

Me espanta, me repugna, me parece pornografía. En general el tratamiento de los sucesos me horroriza. Es un porno ya clásico que, además, se usa para vender cosas y tener un entretenimiento terrible. Hace de algo puntual algo universal falsamente porque ¿de verdad nos importa tanto la vida de los niños en el mundo?

¿Vox le da miedo o pereza?

Sobre todo me dan miedo sus cómplices. El fenómeno de Vox, o cómo se trata en los medios, es el mayor desmovilizador de la solidaridad del pueblo, porque te hace pensar que el infierno son los otros. Que ese señor de al lado, tan clase trabajadora como tú, es un facha y está contra ti.

¿No le ha salido ninguno en el grupo familiar de Whatsapp?

Es que no tengo relación con la familia. Por pura autoprotección. Romperla es una de las cosas más sabias que he hecho en mi vida. Mi familia es la elegida, y a esa la cuido mucho, y me cuida.

Parece que, además de pañuelo, lleva mochila. ¿Cuánto pesa?

La tengo, sí, ¿quién no? Pero no pesa, porque no la cargo. La tengo en el armario. Como salí de él en su día y lo dejé vacío, la guardé allí. Cuando haga mudanza, igual la saco. O a lo mejor la dejo allí para siempre y me libero. Ya veremos.

 

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