Calvo Serraller, un erudito generoso

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La Universidad Complutense de Madrid homenajea al catedrático de Historia del Arte fallecido en noviembre

Erudito, maestro, amigo, trabajador, humilde, generoso… todas estas palabras se han utilizado este martes para describir a Francisco Calvo Serraller en una de sus casas. La Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, donde comenzó como docente en 1970, ha celebrado un acto homenaje al catedrático que falleció el 16 de noviembre. Sus amigos, compañeros, familiares, profesores y alumnos se han reunido para recordar su personalidad y su profesionalidad.

Las relaciones laborales y personales entre los que han intervenido y Calvo Serraller se entremezclaban. Como “un auténtico hermano mayor” le calificó Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, centro que ha recibido su archivo y biblioteca. El historiador y miembro de la Real Academia de la Historia Juan Pablo Fusi recordó parte del esquema de un libro que les quedó pendiente. Leyó algunas fichas de posibles capítulos que ya no serán y que de haberse llevado a cabo hubieran formado el libro que cerraría una trilogía, sus dos anteriores colaboraciones fueron El espejo del tiempo e Historia del mundo y el arte en Occidente. Y María Nagore Ferrer, vicerrectora de Extensión Universitaria, Cultura y Deporte, se saltó un minuto el papel institucional que le correspondía para compartir el momento en el que para ella pasó de ser el profesor Calvo Serraller a Paco Calvo: una cena en Estella (Navarra) donde estuvieron unas tres horas hablando de música “desde tambores japoneses, a las nuevas tendencias de la música contemporánea pasando por Don Giovanni de Mozart”.

Museos, historia o música son solo algunos de sus innumerables intereses a los que dedicó su vida. A la literatura ha querido dedicarle su homenaje su compañera en la facultad, en las páginas de este diario, ambos críticos de EL PAÍS, y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la catedrática de Arte Contemporáneo Estrella de Diego. Muy emocionada y aludiendo a la sonrisa y a la timidez de Calvo Serraller, De Diego destacó al “Paco escritor”, al que primero leía en el periódico, cuando ella era una alumna, y con el que luego compartió pasión por la poesía y los poetas. “Necesitaba la lectura como el aire”, ha asegurado. “Encontraba un refugio en sus Extravíos, creo que era el sitio en el que era más feliz ”, añadió la catedrática en referencia al texto quincenal que Calvo Serraller publicaba en el EL PAÍS, la última, del pasado 6 de noviembre, solo 10 días antes de su fallecimiento.

“A través de sus columnas, compartía temas con los amigos”, ha afirmado De Diego y lo confirma que la mayoría de los participantes en el homenaje han hecho referencia a ellas. El primero en hablar, el también catedrático de Historia del Arte Víctor Nieto fue profesor de Calvo, su colega y actualmente le consideraba maestro y amigo, una amistad de más de 50 años rota por la prematura muerte de Calvo Serraller (Madrid, 1948-2018). Nieto destacó su apabullante carrera y elogió que no quisiera encasillarse en una sola especialidad.

Así transcurrió un sencillo homenaje, con un repaso a sus publicaciones, sus clases –De Diego y Dolores Jiménez-Blanco le recordaron como “el de Fuentes” (el profesor de Fuentes de Historia del Arte)-, sus conferencias y las exposiciones que comisarió (Zugaza recordó, entre otras, Picasso. Tradición y vanguardia cuando él era director del Prado, como lo había sido Calvo Serraller entre 1993 y 1994, y Doce fotógrafos en el Museo del Prado, que le sobrevivió ya que finalizó en enero de este año). El acto terminó con un vídeo en la pantalla en la que había estado la fotografía del catedrático ante su biblioteca, que estaba abierta a quien necesitara algún libro, como aseveró Jiménez-Blanco, directora del Departamento de Historia del Arte de la facultad donde compartió cientos de momentos con el homenajeado, precursor en el cargo que ahora ocupa. En el vídeo de 2011, Calvo Serraller hablaba del artista, del espectador y del diálogo entre ambos como constructor del arte. Nada de erudición, lo primigenio: el que crea y el que observa como protagonistas.

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