Charles Bradley: un sol chisporroteando en el cielo

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El nuevo álbum del músico estadounidense recibe un 6’5 sobre 10

Charles Bradley llegó demasiado tarde y se fue demasiado pronto. El músico estadounidense, fallecido en 2017, tardó más de seis décadas en publicar su primer disco y menos de seis años en disfrutar lo conseguido. Tanto fue así que el título de su más que interesante debut discográfico, No Time for Dreaming, parecía un augurio: no iba a tener tiempo para soñar, o al menos para disfrutar del sueño alcanzado. Reconocido como una de las mejores voces del soul surgidas en la última década, Bradley se pasó toda la vida como un simple imitador de James Brown hasta que en 2011, a la edad de 63 años, cuando todas las casas de apuestas parecen cerradas, grabó su primer álbum en el sello Daptone Records, hogar del más vibrante soul con aroma a clásico de nuestros días con la presencia de gente como Naomi Shelton, The Como Mamas, James Hunter o Sharon Jones, otro talento que también falleció. Le siguieron dos destacados discos, que dibujaron con trazo más marcado su perfil de intérprete mayúsculo, todo un vocalista de viejas formas desbordante en emociones. En pleno derroche de facultades, justo cuando crítica y público admiraban su latido salvaje, sucumbió al cáncer. Adiós al sueño, adiós a Bradley.

Llega ahora Black Velvet, una recopilación de canciones nunca antes editadas que constatan que el cantante de Florida sintió la música hasta sus últimos días con pasión inaudita. Desde el intenso comienzo con Can´t Fight the Feeling, con su peculiar alarido rasgando vestiduras como en el mejor soul de siempre, hasta el broche final de la versión eléctrica de Victim of Love, la única composición ya publicada y un clásico de su cancionero, Bradley guarda el nervio inquebrantable que le dio prestigio. Todo en Black Velvet suena como el terciopelo negro al que se refiere el título: suave, resistente, elegante.

Sin embargo, a diferencia de su antecesor Changes, donde el músico alcanzaba el alma negra en pleno resurgimiento del dilema racial en Estados Unidos con los conflictos de Charleston o Baton Rouge durante 2016, Black Velvet está falto de coherencia. A la producción vuelve a ponerse Tommy Brenneck mientras como banda de acompañamiento está Menahan Street Band, embajadores de lo que podría denominarse el sonido Daptone, pero la colección adolece de más empaque, perdiendo fuelle en medios tiempos como (I Hope You Find) The Good Life. Con todo, se agradece escuchar a un Bradley alejándose de James Brown, cuyos tics eran evidentes, para vibrar más al estilo de Wilson Pickett, dotando de sangre nueva a las versiones de Stay Away de Nirvana y Heart of Gold de Neil Young. Su territorio, tan atado a la vieja escuela, nunca estuvo en las exploraciones del R&B actual, al estilo de D’Angelo o Frank Ocean, pero eso poco importó cuando, tal y como transmite en Slip Away y Fly Little Girl, su carrasposo vozarrón era como un sol chisporroteando en el cielo, lleno de energía, lleno de fuego.

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