China y Estados Unidos concluyen una nueva ronda de diálogo comercial sin señales de avance

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El acuerdo entre ambos países no se materializa a trece días de que venza la tregua arancelaria acordada en diciembre

China y Estados Unidos concluyeron este viernes una nueva ronda de negociaciones con el objetivo de frenar la guerra comercial sin avances significativos. Una semana de conversaciones en Pekín ha mostrado que las posturas están aún muy alejadas para alcanzar un acuerdo que satisfaga a ambas partes. Los equipos negociadores volverán a reunirse la próxima semana en Washington en un intento de lograr más consenso antes del 2 de marzo, momento en el que finaliza la tregua acordada entre Donald Trump y Xi Jinping y cuando, en ausencia de acuerdo, Estados Unidos tiene previsto redoblar su escalada arancelaria contra China.

Los negociadores de China y Estados Unidos se reunieron en Pekín durante toda esta semana con el plato fuerte reservado para el jueves y viernes. A las conversaciones de los equipos de trabajo se incorporaron estos dos últimos días el vice primer ministro y mano derecha del presidente en materia económica, Liu He, por la parte china; y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, junto al representante de Comercio, Robert Lighthizer, por la estadounidense.

Pese al buen tono entre ambas delegaciones, los equipos negociadores no han logrado el consenso suficiente como para presentar un marco de acuerdo a sus líderes. Ninguna de las partes hizo declaraciones públicas una vez terminadas las conversaciones, con lo que los avances son inciertos. Sin embargo, cuando este viernes los altos cargos de la Administración de Trump fueron recibidos por el presidente chino, Xi Jinping, Lighthizer aseguró que los dos países tienen que avanzar “en temas que son muy, muy importantes y muy difíciles”. Xi, según la agencia oficial Xinhua, afirmó que se han hecho «grandes progresos» y que su país “está dispuesto a resolver las disputas económicas con Estados Unidos a través de la cooperación” e instó a las partes a “seguir trabajando duro” para lograr el pacto. Xinhua informó de que ambas partes «alcanzaron un consenso de principios sobre algunas cuestiones clave», sin detallar cuáles.

Las negociaciones entre China y Estados Unidos por su conflicto comercial se alargan ya prácticamente un año, en el que la Administración de Trump ha apostado por la línea dura ante lo que considera prácticas desleales por parte de Pekín. En varias tandas, Washington ha impuesto aranceles a productos chinos por valor de unos 255.000 millones de dólares. China ha contraatacado con la misma moneda y grava, desde hace varios meses, bienes procedentes de EE UU cuyo intercambio supera los 110.000 millones de dólares. Es decir, en pocos meses más de la mitad del valor total del comercio entre ambos países se ha visto sujeto a un incremento de aranceles.

Si no se llega a un acuerdo antes del 2 de marzo, la Administración estadounidense aumentará del 10% al 25% los gravámenes que aplica a productos chinos valorados en 200.000 millones de dólares. Aunque el plazo podría alargarse: Donald Trump se ha mostrado abierto esta semana a posponer esta nueva escalada si las conversaciones van por buen camino y un pacto a corto plazo es posible.

Trump busca en estas negociaciones un compromiso por la parte china que contribuya a reducir el enorme déficit comercial, la diferencia entre lo que Estados Unidos vende a China y lo que compra de este país. Pero más allá de este desequilibrio, Washington presiona para lograr cambios más profundos en el modo de operar de Pekín con sus socios comerciales, unas prácticas que también han sido señaladas por la Unión Europea y Japón. El objetivo es un mayor acceso al mercado chino para las empresas extranjeras, un aumento de la protección de la propiedad intelectual, el fin de las transferencias forzadas de tecnología entre compañías locales y foráneas o una mayor transparencia en la asignación de subsidios estatales y la política industrial, entre otros asuntos.

China se ha mostrado dispuesta a aumentar sus compras de bienes estadounidenses, particularmente energía y productos agrícolas, pero es reticente a modificar asuntos estructurales que considera inherentes de su modelo de desarrollo, basado en una economía controlada por el Estado. El propio Trump ya tumbó el año pasado un acuerdo con el país asiático, aunque poco específico, basado simplemente en el compromiso de Pekín de adquirir más productos de EE UU, al no parecerle lo suficientemente bueno para los intereses de su país.

La visión en Pekín es que la Administración en Washington busca con este órdago dificultar la emergencia de China como potencia económica y tecnológica mundial. Pero, por otro lado, China quiere un acuerdo porque el conflicto arancelario con Estados Unidos genera una gran incertidumbre en un momento en el que su economía se ralentiza de por sí. Las autoridades buscan tener este frente bajo control para el último trimestre de este año, cuando se celebrará el 70 aniversario de la fundación de la República Popular, una efeméride que confían festejar sin tormentas procedentes del otro lado del Pacífico.

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