El artista Abel Azcona planta al juez que lo investiga por escribir “pederastia” con hostias consagradas

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El creador, acusado de profanación, se declara en rebeldía e invita a los artistas a plantarse ante estas denuncias

Hoy martes, a las 10:15, el artista Abel Azcona (Pamplona, 1988) debería haber declarado en el juzgado de instrucción número uno de Berga (Barcelona), donde un juez lo investiga por un “posible delito de profanación, establecido en el artículo 254 del Código Penal”, así como un «delito contra los sentimientos religiosos», como reza en la denuncia. Pero Azcona no se ha presentado, según anunció ya a EL PAÍS. El magistrado admitió a trámite una nueva demanda interpuesta por la asociación de los abogados cristianos, contra la conocida performance en la que el artista escribe “pederastia” con hostias consagradas.

Esta vez la realizó en el centro de arte contemporáneo Konvent –una capilla del antiguo convento abandonado de Cal Rosal, reconvertido en sala de exposiciones–, en 2016, un año después de dar a conocer la polémica acción en Pamplona. No ha testificado, porque, dijo, se trata de una “persecución contra los artistas”. Ha preferido declararse en desobediencia a través de una carta dirigida al juez y en la que dice: «La desobediencia está íntimamente ligada a la libertad, de modo que una persona puede llegar a ser libre mediante actos de desobediencia, aprendiendo a decir no al poder o a las formas de violencia que vulneran y precarizan su existencia».

“Basta ya, tenemos que plantarnos. Se trata de asumir una responsabilidad artística. Invito a todos los creadores a plantarse. Si no lo hacemos esto va a ir a más. Me siento culpable por haber aceptado esto con normalidad todos estos años y acudir a los tribunales cada vez que me han llamado a testificar o a defenderme. No es normal que un artista, que un cantante o un actor tengamos que estar defendiéndonos, exiliándonos o en prisión”, explicó por teléfono Azcona.

Libertad desobediente

En la carta remitida al juez el artista se pregunta: «¿Cuál es el fin último de su acusación? ¿A quién va dirigida su supuesta acción de desagravio?». Y aclara que si teme a la libertad no podría atreverse a decir «no», «no tendría el coraje de ser desobediente», porque para Azcona, la libertad y la desobediencia «son inseparables».

El día en que el juez de Berga aceptó a trámite la denuncia contra esta creación artística, Polonia Castellanos, presidenta de la asociación demandante, dijo a Europa Press que se mostraba satisfecha por la admisión a trámite, para que “este tipo de acciones no queden impunes”. “Los ataques de profanación, ataque y ofensa a los cristianos que no tienen ningún tipo de condena son muy peligrosos, crean un clima propicio a los delitos de odio”, añadió la querellante.

Crítica, no ofensa

Sin embargo, el titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Pamplona, en noviembre de 2016, archivó la causa abierta contra el artista. El magistrado fue contundente en su sentencia: para el magistrado, la obra expuesta no constituía escarnio ni vejación, “unas acciones que tienen que ser directas, no indirectas”. Cuando declaró ante el juez, Azcona afirmó que la finalidad no era la de ofender, sino criticar públicamente la lacra de la pederastia entre los miembros de la Iglesia Católica. Así, en la sentencia se puede leer que no se aprecian delitos contra los sentimientos religiosos, porque la acción no tuvo lugar en un lugar destinado al culto ni en una ceremonia religiosa.

Con el revés de la justicia todavía caliente, la Fiscalía, el Arzobispado y la asociación de abogados cristianos presentaron un recurso, que fue desestimado por la Audiencia Nacional. El fallo indicaba que la acción artística es una muestra escénica en la que “la provocación o el asombro juegan un papel principal, así como el sentido estético”. La Audiencia llamó la atención sobre la distinción entre las injurias y las críticas.

A pesar de ello, la asociación mencionada decidió elevar una nueva demanda contra Azcona –en Berga– por llevar sus formas consagradas –recogidas después de haber comulgado en 248 misas– a un nuevo espacio de arte para escribir la palabra “pederastia”. El juez dio el visto bueno a los abogados y hoy debería haber ido a declarar. “A pesar del fallo del juez de Pamplona han persistido en el hostigamiento judicial y presentaron la causa en el Tribunal Constitucional, que ni lo aceptó a trámite. En el Tribunal de Estrasburgo también la presentaron, pero no lo aceptaron a trámite tampoco”, contó Azcona.

Busca y captura

No es la única cita que el artista tiene pendiente con la justicia. “Esto es una persecución. Ahora mismo abro mi agenda y tengo el mismo número de exposiciones que de citas en los tribunales. Así no puedo trabajar”, dijo. En estos momentos asegura tener causas abiertas por diferentes proyectos artísticos. Uno con VOX, otro con Hazte Oír y con la Fundación Francisco Franco. “Mi desobediencia es una responsabilidad civil. Tengo el derecho, como artista, a desobedecer contra la falta de libertades. Asumo el acto y no asistiré al juzgado. Veremos qué pasa”, contó Azcona, que se marcha en marzo de gira por 18 países de Latinoamérica y quiere ver si declaran una orden de busca y captura contra él.

Después de aquella acción, Azcona se ha tatuado a Donald Trump en el ano y se ha afiliado a 42 partidos políticos (desde Vox a PP, pasando por Ciudadanos, Falange, PSOE, Podemos o CUP), para demostrar que la única ideología es el dinero. No es un artista complaciente, ni con los amantes del arte ni con los que lo odian. Indaga sobre las lesiones de derechos humanos, sobre la injusticia, el abuso, el maltrato o las religiones y todo ello sin pretender ser taimado, sin reproducir la hipocresía que denuncia en sus intervenciones. Lo último ha sido lanzar una invitación a agrupaciones de ultraderecha y religiosas de todo signo a que cumplan las amenazas que le hacen en las redes sociales: matarlo.

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