El Gobierno belga se rompe por el pacto migratorio de la ONU

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El primer ministro Charles Michel anuncia que los nacionalistas flamencos saldrán de su gabinete

La existencia del Gobierno cuatripartito belga parece cuestión de horas. Los nacionalistas flamencos de la N-VA convocaron en la noche de este sábado una rueda de prensa para lanzar un ultimátum: si el primer ministro, el liberal francófono Charles Michel, acude a Marrakech para rubricar este lunes el pacto migratorio de la ONU en nombre de Bélgica, le retirarían su apoyo. Minutos después, Michel les ahorró la espera. Respondió al órdago sin moverse un ápice de su posición: confirmó que viajará a Marruecos y anunció que sustituirá a los nacionalistas flamencos de su gabinete para conformar un nuevo Ejecutivo en minoría. «La N-VA ha dejado el Gobierno y la mayoría sueca», ha afirmado. En Bélgica se conoce a la coalición todavía en el Gobierno con el sobrenombre de sueca por su similitud con la bandera del país nórdico: a los liberales francófonos y flamencos se les identifica con el color azul, a los nacionalistas flamencos con el amarillo, y la cruz la ponen los democristianos.

La crisis de Gobierno venía gestándose desde hacía días, pero se ha precipitado en cuestión de minutos. A las ocho de la tarde ha empezado el consejo de ministros extraordinario que debía resolver las diferencias entre los nacionalistas y sus socios. Ante los medios, el presidente de la N-VA, Bart de Wever, situó al Ejecutivo con el respirador artificial. «Este Gobierno todavía existe, pero el primer ministro despegará como primer ministro de la coalición sueca y aterrizará como primer ministro de la coalición Marrakech», advirtió.

La única respuesta que valía a los separatistas era el compromiso de no viajar a Marruecos para firmar el acuerdo migratorio. Michel, se ha negado en redondo. Los nacionalistas han abandonado entonces el consejo de ministros solo media hora después de su inicio, y han convocado a los medios para hacer público su enfado.

La fragmentación es notable en el escenario político belga. La N-VA es el partido más votado del paísc on un 20,3% de los sufragios., mientras que el partido del primer ministro, el Movimiento Reformador, obtuvo solo el 9,6% de los votos. La próxima cita con las urnas está prevista para el 26 de mayo, el mismo día de los comicios europeos, pero la extrema fragilidad en que queda el Ejecutivo hace que se no pueda descartar un adelanto.

En su choque con la N-VA, Michel cuenta con el apoyo de una amplia mayoría del Parlamento belga. Los diputados votaron esta semana a favor de validar el pacto de Naciones Unidas. El acuerdo  fija 23 objetivos para una migración segura, ordenada y regulada. Entre ellos la lucha contra las mafias que trafican con seres humanos, la defensa de los derechos de los trabajadores inmigrantes, la apuesta por una mayor integración o un cambio de narrativa sobre la migración hacia un enfoque más positivo. Su contenido no es vinculante, pero los partidos antiinmigración han convertido su aprobación en un campo de batalla.  Los separatistas flamencos se han alineado en su negativa con otros países de la UE como Hungría, Austria, Polonia, República Checa, Eslovaquia y Bulgaria, que tampoco piensan validarlo. Fuera del mapa comunitario, Estados Unidos, Israel y Australia también se han desmarcado del mismo.

El movimiento coincide la presencia en Bruselas de la líder de Reagrupación Nacional, Marine Le Pen, y el exdirector de campaña de Donald Trump, Steve Bannon. Ambos han participado en un acto para pedir la unidad de la ultraderecha europea. Y han tenido como anfitriones en la capital belga al Vlaams Belang, un partido de extrema derecha homófobo y abiertamente racista que fue refundado en 2004 tras la ilegalización de su antecesor, el Vlaams Blok.

Tras la amenaza de los nacionalistas flamencos pueden esconderse cálculos electorales. La N-VA ha representado en la teoría una derecha más moderada que el Vlaams Belang, si bien su responsable de Migración, Théo Francken, forma parte del núcleo duro antiinmigración en Europa, y ha admitido que algunas de sus políticas se inspiran en el ideario del Vlaams Belang. El temor a que cualquier cesión sea aprovechada por los extremistas para capitalizar el rechazo al inmigrante está sobre la mesa después de su avance en las últimas elecciones municipales.

La compleja arquitectura del Gobierno, también apodada coalición kamikaze por la disparidad ideológica de sus miembros, podría morir en la orilla, a apenas unos meses de la cita electoral, tras haber sobrevivido casi toda la legislatura contra todo pronóstico.

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