El laborismo presiona a Corbyn para que apoye otro referéndum del Brexit si fracasa su moción de censura

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El Parlamento británico vota este miércoles si Theresa May tiene aún su confianza

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Los usos y tradiciones del Parlamento británico permiten considerar «moción de no confianza» contra el Gobierno a muchas iniciativas legislativas. Pero desde 2011, cuando se aprobó la Ley del Mandato con Término Fijado, solo dos mecanismos pueden provocar de modo automático un adelanto electoral. El primero está en manos del Gobierno, pero no completamente. Downing Street puede solicitar una nueva convocatoria a las urnas, pero necesita el respaldo de dos tercios de la Cámara, en números absolutos (es decir, incluyendo los escaños que por uno u otro motivo estén vacantes). Es decir, serían necesarios 434 de los 650 asientos que componen Westminster.

El segundo es la moción de censura presentada por la oposición y que está previsto que se vote este miércoles. Es el método que Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista, se ha decidido a presentar. Si obtiene la mayoría parlamentaria, se abre un plazo de 14 días para comprobar si existe un número suficiente de diputados para formar un nuevo Gobierno (no tiene que ser necesariamente un Ejecutivo liderado por la oposición). Si se agota este plazo sin que nadie haya sido capaz de lograr apoyos suficientes, se convocan de modo automático elecciones generales.

La ley británica fija 25 días naturales (festivos y vacaciones incluidos) para colocar las urnas. Esto quiere decir que, si fuera el Gobierno el que provocara el adelanto, la fecha más probable sería el 6 de febrero. En el caso de que prosperara la moción laborista, teniendo en cuenta el plazo de cortesía de 14 días para cualquier intento de formar un nuevo Ejecutivo, la cita sería en torno al 20 de febrero.

El debate de la moción se prolongará durante gran parte de este miércoles. La votación tendrá lugar a las ocho de la tarde, hora peninsular.

Corbyn tiene muy pocas posibilidades de que su iniciativa prospere. Los unionistas norirlandeses del DUP (10 diputados), que sostienen la mayoría parlamentaria conservadora, ya han anunciado que no votarán en contra de May. Y lo mismo ha anunciado el grupo de euroescépticos liderado por el ultracatólico Jacob Rees-Mogg. Habrá lealtad casi completa en las filas conservadoras. Son mayoría los contrarios a su plan del Brexit, pero eso no quiere decir que lleven su deslealtad tan lejos como para hacer caer a su propio Gobierno. El laborismo cuenta con el apoyo de sus propios diputados (y no está nada claro que todos ellos respalden el desafío) y al menos con el de los 35 diputados nacionalistas escoceses del SNP y los 11 liberales demócratas.

Las presiones sobre Corbyn para que dé el siguiente paso y haga campaña por un segundo referéndum van in crescendo en las últimas horas. Ese fue el compromiso por fases que aprobó el congreso del Partido Laborista el pasado septiembre en Liverpool. Primero, intentar la convocatoria adelantada de elecciones generales. Y si eso no es posible, aprobaron contemplar otras opciones, incluida la de volver a consultar a la ciudadanía sobre el Brexit.

Corbyn, ambiguo al respecto durante estos dos años y antieuropeo por tradición, se resiste. Su dirección contempla la posibilidad de seguir incrementando los ataques contra May a través de una serie de mociones que, sin ser formalmente de censura, sirvan para poner en evidencia la soledad del Gobierno y acorralar a la primera ministra. Pero en sus bases y cuadros medios son muchas voces las que le piden que cumpla con lo acordado en Liverpool. «No es el momento de cautelas ni de dudas. Si no podemos provocar unas elecciones generales, debemos cumplir con el siguiente paso acordado en nuestro congreso y comenzar a hacer campaña —con todos los que defienden el mismo objetivo— para dar a la ciudadanía la última palabra», ha dicho en las últimas horas el diputado laborista David Lammy.

Todos los focos se dirigen ahora hacia Jeremy Corbyn. El resultado de la votación de esta noche dará una medida exacta de las posibilidades que tiene el laborismo de cambiar el rumbo de un país paralizado desde hace dos años por la crisis del Brexit.

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