El peligro de los tatuajes en casa: «Las medidas higiénicas son una incógnita»

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Realización de un tatuaje en el brazo.

Las máquinas y las tintas de tatuaje pueden adquirirse de primera y segunda mano en internet y algunos las usan para ganar un extra.

«Conseguir una máquina de tatuar es realmente fácil. En Wallapop o cualquier otra plataforma puedes encontrarlas pero, claro, la cosa es si quieres tener una máquina buena o una mala». Fede (nombre ficticio) tiene una máquina de tatuar y la utiliza para trabajar. Sin embargo, no lo hace en un estudio, sino que tatúa en su casa por cuenta propia. Desde hace dos años, realiza tatuajes en la buhardilla de su casa de Leganés, que ha acondicionado especialmente para esta labor. Sin embargo, las leyes españolas para locales de tatuajes son tan estrictas que es imposible que un domicilio adquiera ese reconocimiento.

La legislación de los tatuajes en España es muy compleja. Se basa en una norma europea del año 2008, pero se gestiona a través de varias leyes autonómicas. Es decir, existen 17 normas diferentes en nuestro país y algunas son más restrictivas que otras. La de la Comunidad de Madrid, en concreto, es una de las más exigentes.

Donis Muñoz es miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología y asegura que, aunque España tiene probablemente una de las leyes más restrictivas sobre los tatuajes del mundo, las medidas sirven de poco. «El 80% de las tintas que llegan a nuestro país provienen de América y no están homologadas por nuestros organismos sanitarios. Poco se puede hacer ante un mercado que está globalizado. Es muy difícil ponerle ‘vallas al campo’ y a veces encontramos imitaciones de tintas que pueden llevar cualquier agente tóxico», resume a EL ESPAÑOL.

Un empleado del estudio de tatuajes Mao & Cathy de la madrileña calle de la Luna explica a EL ESPAÑOL que por mucho que se organice un domicilio como un estudio de tatuajes, es imposible que el Ministerio de Sanidad le dé su visto bueno.

Emprendedores ilegales

«Me enseñaron a tatuar unos amigos que llevan algo más de tiempo y que trabajan en estudios de tatuajes. Ellos, como yo, tatúan en sus casas para conseguir un dinero extra. Los que empiezan a tatuar en casa se suelen asesorar por gente que ya sabe. Sólo algún personajillo empieza a tatuar porque le da el venazo«, comenta Fede a EL ESPAÑOL.

«Yo aprendí a tatuar cuando un amigo me dejó su máquina, a base de darle caña con mi propia piel y con piel de cerdo», asegura Ángel (nombre ficticio) por teléfono a EL ESPAÑOL. Él tatúa desde hace más de tres años y lo hace en su casa de Moratalaz.

En el estudio Mao & Cathy aseguran que realizarse un tatuaje en la casa de un tatuador no es una opción tan higiénica como se quiere hacer creer. «Muchos tatuadores que trabajan en casa aseguran que cumplen con ciertos estándares de higiene porque utilizan materiales desechables. Sin embargo, los equipos de esterilización son necesarios donde se tatúa y así se considera en las inspecciones sanitarias».

Muñoz advierte de que el problema más grave que podemos tener en un estudio de tatuajes clandestino es que, posteriormente, manifestemos una infección. «Los procesos de esterilización que se realizan en ellos son una incógnita por completo».

«Luego, por supuesto, puede haber problemas con las tintas que te introduzcan. En este último punto, a no ser que el tatuador clandestino no tenga muchos recursos, fácilmente puede estar utilizando las mismas tintas que en un estudio. Pero esto no quiere decir que estén homologadas. Es un secreto a voces que muchos tatuadores de estudio utilizan tintas no homologadas para conseguir ciertos colores».

Moda al menor precio

Según un estudio de la Comisión Europea, el 12% de los europeos llevan, por lo menos, un tatuaje. Es decir, en los 28 países que componen la Unión Europea alrededor de 60 millones de personas han pasado por manos de un tatuador, incluyendo adolescentes. De hecho, la generación de los jóvenes adultos es la que más se tatúa. En esta población, entre un cuarto y un tercio de ellos lo ha hecho.

Ante esta moda creciente, muchas personas tienen en cuenta el precio que van a tener que pagar por estas piezas de arte corporal. Fede cuenta que los precios de sus tatuajes se establecen en función del tamaño y de los colores (el cliente, en este caso, se ahorra el coste del diseño). Sin embargo, asegura que, si se trata de un tatuaje de tinta negra, pequeño (unos cinco centímetros), su precio es más económico. «Si es sólo una línea, los dejo baratos. Entre los 20 y los 25 euros«. Estos tatuajes formando triángulos, corazones u otras formas sencillas son algunos de los más vistos en los últimos años.

El precio mínimo para un tatuaje sencillo en un estudio legal suele rondar los 60 euros, es decir, el triple. «En la zona del centro [de Madrid] tenemos un acuerdo entre tatuadores para no cobrar menos de 50 euros«, confirman en Mao & Cathy. La inversión que realizan los estudios en seguridad social, materiales, impuestos y establecimiento no puede compararse entre uno y otro negocio. «Un tatuaje, por pequeño que sea, va a permanecer en tu cuerpo para siempre y, por eso, debería valorarse y no ser como comprarse una camiseta en Primark«.

Sustancias y organismos bajo la piel

En muchas ocasiones, los tatuadores que trabajan en sus casa no tienen los requisitos de formación necesaria. La Comunidad de Madrid considera obligatorio que estos profesionales estén en posesión del título higiénico sanitario y de una cartilla de vacunación que acredite que están inmunizados de algunas enfermedades como la hepatitis B y el tétanos. «Las normas de higiene en un lugar donde se realizan tatuajes son muy concretas. Por muy limpios que pretendan ser estos tatuadores, no todos los métodos de limpieza son los autorizados por los inspectores de Sanidad», aseguran en el estudio madrileño.

Además, es muy importante que quienes se hacen un tatuaje estén informados de todo lo que conlleva este proceso. «Los tatuajes pueden producir reacciones inflamatorias al tiempo. Con la acción del sol y el contacto con los fluidos corporales, los compuestos se transforman«, explica el dermatólogo.

«Por ello, estaría bien que los clientes firmasen un consentimiento informado. Las reacciones al tiempo se dan de manera excepcional pero, sobre todo, se dan con las tintas de color rojo. Si, en estos casos, existiese un consentimiento en el que figuraran los datos del tatuador y las tintas utilizadas, sería más fácil determinar los riesgos reales de los tatuajes». Donis Muñoz quiere transmitir tranquilidad porque, si las condiciones en las que se realiza un tatuaje son higiénicas, la práctica es segura.

En el futuro quiero ser ‘legal’

Ángel asegura que no le gusta usar las redes sociales para publicitarse y lo evita cuando puede. La gente que tatúa son amigos o conocidos y, algunas, veces ellos traen a otras personas. Fede coincide en este punto último punto: «a parte de los conocidos, me llegan algunos clientes nuevos a través del boca a boca de la gente que ya he tatuado. Sin embargo, yo utilizo mis redes sociales para conseguir otros«.

Los lugares de tatuajes deben tener un mecanismo para desechar materiales contaminantes como son las agujas utilizadas. Sin embargo, quienes tatúan en su casa no cuenta con ningún sistema especial. «Estos agentes se deben eliminar a través de una empresa especializada y un particular nunca puede contratarla. Sólo los negocios que estén registrados en el Ministerio de Sanidad pueden formalizar este tipo de contratos», advierten en Mao & Cathy.

A Fede y a Ángel les gustaría trabajar en un estudio de tatuajes. El primero admite que, a día de hoy, no tendría tiempo para ello. Sin embargo, Ángel asegura que le gustaría para «poder cotizar y eso. En este momento estoy tatuando para ir adquiriendo un buen nivel. Cuando algún día me presente para trabajar en un estudio de tatuajes, y si me contratan, tendré bastantes conocimientos y así podré tatuar. Normalmente, si no sabes mucho te ponen a hacer otras cosas que no tienen mucho que ver con el trabajo«.

Los trabajadores de Mao & Cathy manifiestan: «Si un negocio no se registra, no está sujeto a inspecciones sanitarias y, fácilmente, pueden estar incurriendo en faltas de higiene. Además, no cuentan con las garantías de reclamación que existen en un negocio legal. Estas actividades son difíciles de perseguir y, por tanto, depende del criterio de las propias personas: deben decidir si quieren o no exponerse a tales situaciones«.

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