El retorno de Marea puede ser su despedida

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El grupo presenta ‘El azogue’, después de ocho años de silencio, como su «probablemente» último disco

“¿Tú en qué trabajas?”, les siguen preguntando en su pueblo, Berriozar (Navarra), a los miembros del grupo de rock, Marea. Llevan 20 años en la música y apuntan a su posición geográfica como una de sus claves de identidad. “En el pueblo seguimos siendo el hijo de la Inés y el hijo de Ventura”, cuenta Kutxi Romero, el vocalista. “No veo viable que nosotros cinco pudiésemos tener lo que hoy tenemos como Marea, sería otra cosa o, más probable, no seríamos”, añade Kolibrí, guitarra. Junto a, Alén (batería), Piñas (bajo) y César (guitarra) hablan de su disco, El azogue, el cual presentan como «probablemente» su último trabajo.

“Lo extraño es que hayamos hecho tantos discos sin tener siquiera un proyecto como tal”, sostiene Kutxi. Define Marea como una conjunción de impulsos, sin nada predeterminado, solo un grupo de amigos que, cuando coinciden de manera unánime, se unen para tocar, componer y quizá lanzar un disco y una gira. “Somos hombres, como decía Machado, en el mejor sentido de la palabra, muy básicos”, resume Kutxi, así que se mueven “por instinto, como los animales”.

Casi ocho años han tardado en volver a sentir esos pálpitos. “Estábamos en cosas más importantes”, excusan. La familia. En 2016 decidieron que les apetecía componer otra vez, pero “un giro dramático de los acontecimientos”, en palabras de Kutxi, retrasó el trabajo. El cantante fue sometido a una operación de garganta, Alén pasó varias veces por el quirófano por problemas en el corazón y Kolibrí padeció una grave otitis. “Entramos en los 40 años a tope, no la palmamos todos de milagro”, bromean.

Los contratiempos en su salud no influyeron en el resultado del disco -con tantas descargas eléctricas y poesía como de costumbre-, aunque haya una canción que se titula Pájaros viejos y algunas referencias al final de una etapa. Dicen no verse mayores para el rock, pero sí sentirse como la última banda del género en España porque no saben de grupos jóvenes que vengan con ganas de renovar el plantel. Sin ir más lejos, ejemplifican que para su gira se van a rodear de medio centenar de músico y todos rondan su misma edad. “Algo está pasando, pero no somos ni Punset ni Iker Jiménez para saber el qué, bastante tenemos con lo nuestro”, apunta Kutxi.

Aun así, defienden que el rock es un género estable en medio del “péndulo” de las modas musicales. Piña apunta que es “lo bueno” de este estilo, que quienes son “mordidos” por él ya nunca lo abandonan. Eso les ha permitido tener la libertad de descansar tanto como han querido y de volver con un nuevo trabajo sin miedo a las cifras de público, una situación que Alén reconoce como “privilegiada”. “No tenemos que competir con nadie», añade. El éxito para Marea ha sido lograr este estatus, ser dueños de su tiempo, poder elegir su camino sin presiones de discográficas, públicos ni tendencias.

Presentan El azogue como su álbum más pulido, «una versión mejorada» de ellos mismos. Se han enfrentado a sus propias destrezas: cuentan que la madurez les ha dado nuevos tintes y eso les ha  requerido más dedicación a las fórmulas de expresión. En cambio, para la grabación han optado por la autenticidad del directo, grabando todos juntos para que “se note la esencia” del grupo. El 1 de mayo arrancan una gira con multitud de citas que incluyen dos grandes conciertos en Barcelona (17 de mayo) y Madrid (22 de junio). En todos aplicarán las motivaciones que les han llevado a titular el álbum de esta manera: “Azogue tiene tres acepciones: mercurio, mercado de pueblo e inquietud; con la salda del disco la gente iba a empezar a ponerse nerviosa, arrancaba el mercado y eso iba a hacer subir la temperatura”.

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