El vestuario no tendrá ni voz ni voto en la elección de entrenador

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Real Madrid

El Madrid quiere un técnico que sepa mandar, sin importarle la opinión del equipo, que apoyó a Ancelotti y Zidane y apostó por la llegada de Lopetegui

Silencio, capacidad de encaje y una labor ingrata, dura, hasta ver los primeros resultados en septiembre. El Real Madrid ataca la crisis en dos frentes muy distintos, los despachos y el vestuario. El equipo debe rematar la clasificación en la Liga mientras los gestores trabajan en un futuro que debe estar definido en cinco meses. Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y sus ayudantes directos se concentran en la elección del entrenador idóneo para remodelar radicalmente el estilo de juego del equipo y cambiar los estandartes de la plantilla. Se mueven los hilos con los intermediarios internacionales para saber qué jugadores desearían venir en junio y qué clubes estarían dispuestos a negociar. En Valdebebas, mientras tanto, Ramos ha sacado el bastón de mando para reconducir la nave y exigir entrega sin condiciones al vestuario. «Somos hombres y hay que afrontar esta situación», argumenta Nacho, espejo de la cantera. Ramos ha sido duro con sus compañeros: basta de lamentos, Hay que sacar el orgullo desde el pozo. El reto es alcanzar el subcampeonato en la Liga y aguantar los pitos con una reacción de resultados.

Un cambio estructural y generacional del equipo. Los jugadores deben ganarse su continuidad y asumen que vendrán futbolistas que pujarán por sus puestos

Después de una era de éxitos a escala mundial, la plantilla vive una realidad extraña, desacostumbrada a tocar fondo y sufrir la ira más amarga de esos mismos aficionados que hace un año les ovacionaban. Muchos futbolistas tampoco habían visto nunca esas caras de preocupación de los dirigentes ante un golpe tan duro para la empresa. El Real Madrid sumaba ocho años en semifinales de la Champions, cuatro de ellas con el título, y caer en octavos de final es un descenso a los infiernos que hacía una década que no se sentía.

Los jugadores saben que la entidad prepara una revolución similar a la que Florentino Pérez generó hace una década al traer de golpe a Cristiano, Kaká, Benzema, Xabio Alonso, Albiol y Arbeloa. Varios de los actuales integrantes del plantel no continuarán. Y todo el grupo asume que vendrá un nuevo entrenador con el reto de realizar un cambio estructural y generacional del equipo. Esta plantilla, que apoyó la continuidad de Ancelotti y de Zidane, no tendrá voz ni voto en la elección del técnico. Este grupo, cuyos internacionales apostaron por el fichaje de Lopetegui en el Mundial de Rusia cuando Zinedine se marchó y el club no tenía margen de maniobra, no volverán a ser consultados.

Ramos medita viajar a Valladolid para arengar al equipo en este momento delicado

El Real Madrid pretende un responsable del equipo que no se case con los jugadores y que aporte una nueva energía, psicológica y física. Varios futbolistas importantes deberán marcharse. No se desea un entrenador influido por los veteranos, como sucedió con Ancelotti. Zidane manejaba bien el vestuario, pero ahora se le ha llamado para que tome el timón y no sea un gran gestor del equipo, sino que aplique el cambio que advirtió hace un año, con la condición de no ser el ejecutor de las bajas. La entidad le ha dejado claro que esa actuación de hacer la lista de transferibles la hará la casa.

Desapego al grupo

El club reconoce sus errores al permitir que los jefes de la plantilla controlaran a Ancelotti. Lo mismo hicieron con Lopetegui, que no se atrevió a realizar los cambios y fue despedido. Fue otro fallo del Real Madrid fichar a un preparador propuesto por los futbolistas. Se busca un responsable con desapego al grupo. Por eso Mourinho está en la lista. El portugués es duro, no se deja influenciar por las plantillas, exigiría una gran preparación física y elegiría a los jugadores que lo dan todo. Dicha esta verdad, también hay que advertir que si el luso vuelve, Ramos dirá que se marcha. Sus enfrentamientos hace seis temporadas fueron crudos. El setubalense criticó bastantes veces a los futbolistas en público y el capitán se lo reprochó también en la prensa. No quiere repetir esa experiencia. Ahora repite otra muy distinta que exige su liderazgo. El vestuario estaba hundido y Ramos ha actuado para que no haya victimismo y se reaccione en un momento difícil.

El capitán medita viajar a Valladolid, aunque no pueda jugar por sanción, para arengar al equipo. Continúa siendo el jefe, escuchado por todos por su sabiduría para salir de los atolladeros, respetado por su valentía para dar siempre la cara, considerado por responder al presidente en una situación dolorosa. Pocos se atreven a hacerlo, admitían ayer varios profesionales.

Un referente

Marcelo, Benzema, Modric y Kroos, otros cuatro líderes, subrayan el carisma de Ramos. Va de frente y les defiende, nunca se calla. Hasta Bale, que vive en otra onda, aprueba sus consignas. El capitán es un referente para Ceballos y para Lucas, para Vinicius y Reguilón, por su manera de pedir disciplina a la hora de pedir esfuerzos. Ha sacado el látigo y exige respeto al entrenador, que dejará el cargo pronto. Ha invocado la lucha en el césped porque tras la carta de despido de Solari habrá otras para los futbolistas. Deben rendir y ganar por su propio interés. Quedan doce jornadas para soportar la crítica y rehacerse. Serán tres meses muy raros para un equipo que será muy distinto en julio.

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