Fernando Colomo se lanza a la ‘narcochirigota’ en ‘Antes de la quema’

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El director madrileño mezcla comedia y ‘thriller’ en una película que se desarrolla en el Cádiz más pillo, marcado por el tráfico de drogas

Cuenta Pablo Larraín que en su rodaje de Jackie (2016) -con Natalie Portman encarnando a Jacqueline Kennedy en los días posteriores al asesinato de su marido, el presidente JFK- había a su lado dos expertos en acentos siempre atentos a que Portman se ajustara al tono pijo de la costa Este de su personaje. Y que, con todo, en la posproducción, otra experta dobló algunas sílabas de los diálogos de la actriz para ajustarse a la dicción de la retratada. Fernando Colomo oye la anécdota y se echa a reír: «Eso es dinero». El madrileño, de 73 años, ha rodado la comedia Antes de la quema en Cádiz con escrupuloso cuidado con el deje de esa provincia, y aunque los secundarios sí son gaditanos, tres de sus protagonistas (Salva Reina, Maggie Civantos y Joaquín Núñez) nacieron en Málaga. «Nosotros no tuvimos entrenador en el rodaje. Un madrileño como yo solo pudo confiar en el trabajo de sus actores. Y por lo escuchado en una proyección en Cádiz y en el pase aquí, en el festival de Málaga, han aprobado con buena nota», asegura Colomo. A las salas comerciales llegará el 7 de junio.

Antes de la quema es una comedia gaditana dirigida por alguien «un poco insensato», según su propia definición, protagonizada por un gaditano que sobrevive como puede, con sus chanchullos, mientras da lo mejor de sí como creador de coplas para su chirigota. Cuando comienza a trabajar como jardinero en un depósito de drogas -con incineradora- en construcción, un traficante local y admirador de sus letras cómicas le reclutará para robar el almacén (donde se acumulan 100.000 kilos de hachís) antes de la inauguración. Y todo, en los días previos al famoso concurso anual de chirigotas en el Teatro Falla. «Para mí, siempre fue muy importante que hubiera verdad», incide Colomo. «Por eso, todos esos secundarios gaditanos y expertos en chirigotas y en el carnaval. En  fin, soy un enamorado de la cosa local y en mi carrera he rodado en muchos sitios e idiomas con sumo cuidado».

Pero Andalucía parece otra cosa. «Entiendo que aquí hay mucho celo en los acentos de cada zona. Cuando empezó el rodaje escuchamos comentarios con mucha retranca sobre qué haría un madrileño con eso», recuerda. «Pues lo que hice fue dar cancha al talento local, que aparece con los secundarios sacando punta a cualquier momento». Sí ha sido una novedad para el cineasta la inclusión de secuencias de acción. «Tiene una parte de thriller que me ha llevado a darle muchas vueltas al guion». Y tantas. El libreto alcanzó las 25 versiones. Primero, por parte de su escritor original, Javier Jáuregui, después le metió mano Colomo y finalmente ambos. «Y como ya no existe plasmación material, no contamos lo que cambió en el rodaje. Hubo secuencias que nunca se modificaron desde el primer borrador y otras que hasta la misma mañana de su filmación estuvimos reelaborando. Es la película en que más he reescrito. Me preocupaba que la parte de comedia se comiera el metraje y que su faceta de thriller no tuviera tensión, que pareciera impostado. Insistí en que quedara clara la trama, el atraco».

Curiosamente, la semilla de Antes de la quema se basa en hechos reales, en la fascinación de los traficantes locales por las chirigotas, aquí multiplicada porque las coplas del filme también se refieren al narcotráfico. «Un poco al estilo narcocorrido», recuerda. «Me han contado en Cádiz anécdotas flipantes. Sobre todo, de la parte de La Línea y Gibraltar». Cádiz es una de las provincias españolas con más tasa de paro. «Y te preguntas de qué vive mucha gente allí… Bueno, pues de paguitas -que les llaman-, que premia toda una pillería por el narcotráfico», prosigue el director. Podría parecer Antes de la quema otra aproximación al mismo problema retratado por Isaki Lacuesta en Entre dos aguas. «No la he visto entera. Está bien que Isaki y yo no seamos gaditanos. Muchas veces, el de fuera tiene más capacidad para captar cosas. Siempre que sea sensible y no quiera imponer sus ideas, es bueno que el retratista no pertenezca al mundo retratado».

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