La calle de Argelia no se conforma con la marcha de Buteflika

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La sociedad civil teme que el régimen seguirá en el poder, aunque se inhabilite al presidente

Gran parte de la sociedad civil en Argelia ha criticado duramente al jefe del Estado Mayor, el general Ahmed Gaid Salah, de 79 años, quien el martes se mostró partidario de inhabilitar al presidente del país, Abdelaziz Buteflika, de 82, por motivos de salud, tal como se contempla en el artículo 102 de la Constitución argelina. Las caras más visibles que han apoyado las manifestaciones masivas desde el 22 de febrero han convocado de nuevo otra gran protesta para este viernes.

La propuesta de Gaid Salah, si se puede llamar propuesta a la indicación del general al mando del Ejército, contempla que el Consejo constitucional verifique la imposibilidad de Buteflika para ejercer sus funciones de presidente. Un vez ratificado, ha de trasladarlo al Parlamento, donde debe aprobarse por dos tercios de la Cámara. El Consejo constitucional lo preside Tayez Belaiz, un jurista de 71 años de la plena confianza de Buteflika. Veinticuatro horas después de que el general Gaid Salah pronunciara sus palabras, Tayez Belaiz no había movido un dedo. Pero aunque finalmente decida prescribir la inhabilitación de quien ha sido su gran padrino político, la aplicación del artículo 102 abre una puerta por la que una gran parte de la población no quiere pasar.

El productor de cine Yacine Bouaziz, muy activo en todas las marchas, indica desde Argel: “Esta acción de Gaid Salah es la enésima tentativa del régimen para quedarse en el poder. El lado positivo es que tras cinco semanas de manifestaciones pacíficas hemos sorprendido al sistema y está totalmente desestabilizado. Las marchas de este viernes serán igual de masivas. Todo el mundo tiene claro que parar ahora sería una derrota para la revolución. Buteflika ha caído, la cabeza ha caído. Ahora falta que caiga el cuerpo. La demanda del pueblo es clara: que se vaya el sistema. Y Gaid Salah forma parte del sistema”.

De igual manera se expresan muchos activistas. El presidente de la Liga de Derechos del Hombre, Nordín Benissad, señaló: “El sistema es el que se quiere suceder a sí mismo”. El abogado de derechos humanos Mokrane Ait Larbi afirmó: “La aplicación del 102 tenía un sentido antes de esta revolución popular pacífica, cuando la oposición lo reclamaba. Hoy, la crisis no es ya constitucional para buscar soluciones constitucionales. Es política y requiere una solución política”.

Sofiane Yilali, responsable del partido Jil Jadid, advirtió: “Ni la oposición ni el pueblo aceptarán esta operación”. Yilali aboga por una transición corta, entre seis meses o un año, en la que se deben poner en marcha unas elecciones “creíbles”. La formación opositora Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) calificó la petición del general como “un abuso de autoridad” contra la voluntad popular. El partido islamista moderado Movimiento de la Sociedad por la Paz hizo un llamamiento a proseguir las movilizaciones y apeló a que el Ejército “acompañe el proceso para encontrar una solución política”.

«Tentativa de golpe de Estado»

Yassine Aissiouane, secretario de Comunicación del opositor Reagrupamiento por la Cultura y la Democracia (RCD), va más allá y califica la petición del jefe del Ejército como una “tentativa de golpe de Estado”. “Gaid Salah es parte de nuestras desgracias, no puede ser nunca la solución. Ellos no quieren salvar al soldado Buteflika sino organizar el rescate del régimen”, señaló.

Por su parte, la constitucionalista Fatiha Benabbou se mostró favorable al artículo 102 durante una entrevista en el sitio TSA: “Puede constituir una solución, teniendo en cuenta que Argelia deberá afrontar una crisis económica aguda que necesita un poder legítimo capaz de tomar medidas decisivas”.

Lounes Guemache, director de TSA, el medio digital más leído, escribió: “La oposición guarda un mal recuerdo de la intervención del Ejército en la política. En 1992 [tras el golpe de Estado ante una previsible victoria del Frente Islámico de Salvación (FIS) en la segunda vuelta de las presidenciales] los generales no cumplieron ninguna de las promesas que hicieron a los argelinos. En lugar de una apertura confiscaron el poder, se enriquecieron y terminaron instalando a Buteflika en la presidencia”.

“Oficialmente”, señala Guemache, “esto no es un golpe de Estado». Pero el director de TSA advierte: ”El pueblo ya ha hecho saber que quiere un cambio de sistema y no solo la marcha de Buteflika. La respuesta del Ejército a las reivindicaciones del pueblo aportará una buena idea sobre sus intenciones. Si rechaza esas demandas y amenaza a la población comprenderemos que el Ejército ha escogido el mal camino, el de una falsa transición con la continuidad del sistema actual sin Buteflika. Es la peor opción. Argelia necesita ser dirigida por un presidente y un Gobierno legítimos”.

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