La colección de arte de Roberto Polo desembarca en Toledo

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El antiguo convento de Santa Fe recibe 250 obras de autores modernos y contemporáneos poco representados en España

“En cada uno de los dos estanques, el agua envolvía un árbol de plata, alto, de extraordinaria forma y acabada factura […]. El agua subía por ellos desde los dos pilones y se deslizaba desde lo más alto de sus ramas como la llovizna o el rocío”. La sorpresa que la belleza de esos “árboles de plata” le causaron al historiador cordobés Ibn Hayyan en el siglo XI se repite cuando el espectador ingresa en la sala de los Perfumes del palacio de Al-Ma’num, en Toledo, y descubre que esos increíbles árboles son arcos en los que gacelas aladas, grifos y leones se perfilan sobre polvo de lapislázuli. Tras la impresionante estructura cuelga el óleo The Entry of Christ in New York (1993-2006), de Paul Manes, una de las 250 obras de arte moderno y contemporáneo de la colección de Roberto Polo que desde este miércoles pueden verse en el antiguo convento de Santa Fe. Los arcos, un raro ejemplo de arquitectura andalusí anterior a la severa iconoclastia que se impuso en los reinos de taifa, conviven en armonía con el arte más vanguardista del norte y este de Europa. Desde Honoré Daumier, Eugène Delacroix, Kandinsky, Franz Marc o Marthe Donas, hasta las coloristas esculturas de cristal de Maria Roosen, como el gran rosario rojo que preside la antigua iglesia.

El encuentro, que ha sido posible tras cuatro años de trabajo entre el Gobierno de Castilla-La Mancha, el coleccionista cubano-estadounidense Roberto Polo (La Habana, 1951) y el periodista y experto en arte Rafael Sierra, supone que durante 15 años –periodo renovable por el que han firmado la cesión gratuita– 475 obras de 171 artistas permanecerán en la región. El acuerdo, firmado el pasado julio, incluye la apertura de otra sede en el antiguo Tribunal de la Inquisición de Cuenca, un edificio del siglo XVI que albergará el resto de la cesión y cuya rehabilitación no estará terminada hasta 2023.

“En mi colección nunca me he guiado por las firmas, que son producto del mercado del arte, sino por las obras. El arte y el mercado del arte son cosas muy distintas que raramente coinciden”, ha asegurado Polo en la presentación de la primera parte de la Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha (Corpo). “Este es el día más importante de mi vida en el arte, porque este museo es el sueño de un coleccionista de vocación y no es más que el primer paso de lo que será un órgano viviente», afirmó quien ha sido también artista y accionista mayoritario de la casa de subastas Sotheby’s. Son 250 obras, seleccionadas entre las 7.000 que posee y que guarda entre su casa de Bruselas y almacenes en Ámsterdam, París, Londres, Nápoles y Nueva York.

“El proyecto, que ha costado 1.200.000 euros, cubre los vacíos que hay en los museos españoles en el importante capítulo de las vanguardias históricas del norte, centro y este de Europa. Desde los comienzos de la abstracción con Kandinsky, el constructivismo con El Lissitzky, los nuevos realismos y el surrealismo con Max Ernst. Es un puente que nos permite recuperar la relación de España con Flandes, que se perdió en el siglo XVII”, apuntó Rafael Sierra, director artístico del Corpo.

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El proyecto museográfico, ideado por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade –autor también del Museo Arqueológico Nacional y del Museo Abstracto de Cuenca–, aprovecha la singularidad del convento de Santa Fe, incluso la vista que tiene sobre la ciudad, para concatenar una sorpresa con otra, como la escultura Grotesque III, de Oskar Schlemmer (1923-1932) para la que Polo ha encargado una vitrina igual a la que tiene el busto de Nefertiti, en el Neues Museum de Berlín. La colección está sembrada de hitos, entre los que Sierra destaca la única escultura que se conserva de Laszlo Moholy-Nagy, una pieza de Man Ray y otra articulada de Kurt Schwitters que puede (o no) tener una erección.

La selección incluye solo una obra de un artista español, una gran escultura en madera de Juan Garaizábal; mientras que una pintura de Rafael Canogar y dos piezas de Miquel Navarro son cesiones temporales de los artistas.

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