La confianza que recuperó José Guerrero en su vuelta a España

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La exposición ‘Pelegrinaje 1966-1969’ muestra en Granada 60 obras del artista tras su regreso de Estados Unidos en plena crisis personal y desconcertado por el ‘pop art’

José Guerrero salió de España con 31 años en busca de nuevos horizontes. Buscaba la modernidad. Y en esa búsqueda residió en París, donde conoció la vanguardia francesa, en Roma, Londres y, finalmente, en Nueva York. Esta estancia en Estados Unidos se prolongó 15 años y sí, halló la modernidad buscada pero también esa búsqueda le provocó una importante crisis personal. Tras 20 años de periplo —los últimos cuatro sometido a psicoanálisis— Guerrero sintió la necesidad de volver a España. Y así fue como en 1965, el artista granadino vuelve a España para intentar recuperar la confianza perdida. La producción de los tres años pasados de nuevo en su tierra, del año 1966 al 69, es la que refleja la muestra Pelegrinaje 1966-1969 que se puede ver desde hoy en el Centro José Guerrero de Granada.

La necesidad de volver a su país de nacimiento —aunque a esas alturas ya tenía la nacionalidad estadounidense— no fue producto solo de la crisis personal, sino también en gran parte “por la desorientación provocada por el cambio de paradigma que causó en la escena artística la irrupción del arte pop”, como explican los comisarios de la exposición Francisco Baena e Inés Vallejo (que es además representante de la Fundación Juan March, corresponsable de la muestra). En las paredes del Centro Guerrero se muestran más de 60 obras “de un periodo especialmente fructífero”, explica Baena, también director del Centro.

La exposición arranca con La brecha de Víznar, una pieza de gran formato producida en 1966 y, según los comisarios, quizá la pieza más significativa de las realizadas por el artista. Muy relacionada con García Lorca, esta pieza tiene su origen en un viaje por Andalucía en busca de información sobre Federico que acabó en el barranco donde fue asesinado el poeta. Quien visite la exposición, explican sus comisarios, se encontrarán con la obra que “conjuga todo lo aprendido en la escena internacional con la memoria española recobrada”, teniendo como resultado “unas conclusiones plásticas que serían determinantes para el resto de su trayectoria”. Litografías, obras grandes, pequeñas, en papel y lienzo que muestran, según Baena, “el momento de su reencuentro con España y con su propia memoria. Salió de España queriendo dejar atrás ese ambiente opresor de la España de posguerra y 20 años después se dio cuenta de la necesidad de reencontrar lo olvidado”.

También con Lorca cierra la muestra. Pelegrinaje, producida de vuelta a Nueva York, con el artista ya reencontrado y recompuesto, e igualmente relacionada con el poeta granadino que escribió un poema llamado Los pelegrinitos. Quizá, explican los comisarios, el artista comprendió entonces que su futuro pasaba por ir y volver, como así hizo, por peregrinar más a España. Así, quien salió en busca de la modernidad al mundo, dicen, se convirtió en representante de esa modernidad en su país de origen.

La exposición es la última, por ahora, de una serie de exposiciones que Baena ha denominado “catas temporales en las distintas fases artísticas del pintor”, muestras dedicadas a momentos temporales concretos y especialmente relevantes en la trayectoria del artista. En esta ocasión, la muestra refleja fielmente el momento de transición del expresionismo abstracto que practicaba en Estados Unidos a una pintura más ordenada y pacífica consigo mismo que, aún transformándose, le acompañaría hasta el final. Pelegrinaje 1966-1969 se podrá ver en el Centro José Guerrero hasta el 26 de mayo. Entonces comenzará una itineración que la llevará al Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca a mitad de junio y hasta septiembre y al Museu Fundación Juan March, de Palma, de mitad de octubre hasta enero de 2020.

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