La diplomacia del arte se impone en la pelea por Leonardo da Vinci

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El presidente francés, Emmanuel Macron, y su homólogo italiano, Mattarella, exhiben unidad tras las tensiones por el préstamos de cuadros del artista al Louvre

Francia e Italia sellaron este jueves la ‘paz leonardina’. Después de meses de batalla cultural por los préstamos de unos cuadros de Leonardo da Vinci al museo del Louvre, en París, el presidente francés, Emmanuel Macron, y su homólogo italiano, Sergio Mattarella, celebraron juntos el quinto centenario de la muerte del genio renacentista con una cumbre en los castillos del Loira donde el pintor de La Gioconda vivió sus últimos años. Leonardo, según Macron, “es el vínculo histórico y cultural que une Italia y Francia”.

Lo que une, a veces, también puede separar. Y esto es lo que sucedió entre finales de 2018 y principios de 2019, cuando Leonardo da Vinci, lejos de propiciar la armonía entre los vecinos transalpinos, contribuyó a emponzoñar la relación. Las diferencias sobre gran exposición de Louvre, prevista para otoño, se sumaron a una sucesión de desencuentros que desembocaron a principios de febrero en la retirada temporal del embajador francés en Roma. Si la cultura contribuye al entendimiento de los pueblos, en este caso fue lo contrario.

Todo empezó a complicarse en noviembre, cuando la subsecretaria italiana de Bienes Culturales, Lucia Borgonzoni cuestionó un acuerdo suscrito en 2017 con el Louvre por el anterior gobierno italiano. El acuerdo estipulaba que Italia prestaría al museo parisino las obras de Leonardo da Vinci en su posesión. Estas debían incluir, entre otras, el Hombre de Vitruvio, que se encuentra en la Academia de Venecia; la Cabeza de muchacha, de la Galería Nacional de Parma; y la Anunciación, de los Uffizi. La única excepción era la Adoración de los magos, cuyo estado desaconsejaba el traslado. Estas obras completarían la colección de Louvre, que tiene un tercio de los cuadros de Leonardo, entre ellos los que trajo a Francia cuando llegó en 1516 invitado por Francisco I, además de la obra que realizó al final de su vida.

Para la subsecretaria Borgonzoni —miembro La Liga de Matteo Salvini, hombre fuerte del Gobierno italiano, cabeza visible del frente nacionalpopulista europeo y, como tal, adversario en la UE del europeísta Macron—, ceder estas obras a Francia suponía una afrenta a Italia. El caso de Léonard de Vinci —así le llaman los franceses— es lo que ahora se llamaría apropiación cultural por parte de un país que sabe cultivar y promocionar a los genios, independientemente de donde hayan nacido.

“Leonardo es italiano, en Francia solo murió. No era Leonardó [sic] como le llaman ellos, sino Leonardo, y darle al Louvre todos estos cuadros significa dejar a Italia al margen de un gran evento cultural”, dijo Borgonzoni al diario Il Corriere della Sera. “Con todo el respeto por la autonomía de los museos: el interés nacional no puede colocarse en un segundo rango. Los franceses no pueden tenerlo todo”.

Leonardo da (o Léonard de) Vinci, sin quererlo y medio milenio más tarde, se convirtió en el proyectil en una pelea intraeuropea, en el símbolo de todo lo que opone a los gobiernos de París y Roma. Desde la política de inmigración hasta la visión sobre el futuro de Europa. Desde la insinuación, por parte de Macron, de que Salvini representaba lo que llamó la “lepra nacionalista”, al apoyo de Salvini y sus aliados de la revuelta de chalecos amarillos contra Macron. La llamada a consultas del embajador francés marcó una inflexión. Tras regresar el embajador a Roma a mediados de febrero, uno de los primeros actos entre ambos gobiernos fue la reunión en Milán en la que los ministros de Cultura de ambos países,  Franck Riester y Alberto Bonisoli, desbloquearon el contencioso. Francia, como se había comprometido antes, prestará a Italia cuadros de Rafael para una retrospectiva en 2020.

En la mansión de Clos-Lucé, donde vivió Leonardo, y en los castillos de Amboise y de Chambord, Macron y Mattarella —un presidente pero no dispone del poder de su homólogo francés— escenificaron el jueves la reconciliación. También exhibieron su sintonía personal, muy lejos del rechazo mutuo entre Macron y Salvini. Visitaron la tumba del artista y por la tarde asistieron a un coloquio de jóvenes franceses e italianos con el escritor Alessandro Baricco, el arquitecto Renzo Piano y los astronautas Thomas Pesquet y Samantha Cristoforetti. “La amistad entre Italia y Francia”, dijo Mattarella, “está a prueba de todo”.

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