La otra batalla de Brunete: una matanza inexplicable

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Arqueólogos del CSIC reconstruyen un episodio de 1939, una de las refriegas menos conocidas de la Guerra Civil

Hace 80 años, este páramo yermo no era un paisaje para el bienestar. No había ni un chalé, ni una chuletada. Hubo disparos, explosiones y muerte. Fue un matadero inexplicable cuando la guerra ya estaba sentenciada a favor de Franco. En esta llanura, el 13 de enero de 1939 murieron más de 500 soldados republicanos, diana ante los morteros franquistas, protegidos en fortines de hormigón que hoy se mantienen al pie de la carretera M-600, que conecta Brunete con El Escorial, en la Comunidad de Madrid.

A las 7.30 se inicia una de las ofensivas menos conocidas de la contienda, y de las últimas, con un bombardeo desde las baterías republicanas. El coronel Segismundo Casado dirige la operación contra la 20ª división franquista y, tras la primera embestida, manda a sus soldados salir de las trincheras y avanzar con el apoyo de los autos blindados. Pero la niebla desorienta a los carros, que dejan desprotegida a la infantería. Además, un cañón antitanque acaba con siete de los ocho carros. El cabo artillero Elicio Correa Correa “logró destruir cinco tanques rojos entre el gran número de los que empleaba el enemigo, gracias a su rápido y certero fuego”, como recoge el Boletín Oficial del Estado en el que se le condecora con la medalla militar individual. El avance es frenado en seco por las ametralladoras franquistas. “En una hora debieron de caer cerca de 300 republicanos. Fue una batalla estilo Primera Guerra Mundial”, cuenta el arqueólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Alfredo González-Ruibal, que ha excavado y recuperado el entorno del fortín y los búnkeres. Formarán parte del Plan de Fortificaciones, una iniciativa subvencionada por la Comunidad de Madrid y con participación del Ayuntamiento de Brunete (PP), que en los próximos meses inaugurará el Centro de Interpretación de la Guerra Civil.

“Es una llanura en la que siempre estuvieron expuestos. Al abandonar el cauce de un río seco se convirtieron en una diana fácil. No tenían ninguna posibilidad, ni en un día soleado. Ha salido una enorme cantidad de munición franquista y muy poca republicana”, cuenta el arqueólogo, que define la batalla como “inútil donde las haya”. El Ejército de Franco estaba al día de los planes de sus enemigos, “seguramente porque se había filtrado información del propio Casado”, afirma González-Ruibal. De ahí se entiende que la 20ª división se reforzara con tres batallones y uno de ametralladoras y dos secciones de morteros. Todo su potencial de fuego y apenas 18 bajas.

En tres dimensiones

El equipo de González-Ruibal empleó drones y tecnología LIDAR (mapas topográficos en tres dimensiones) para seguir los pasos de los Ejércitos: “Podemos ver lo que vieron”. Partieron del fortín de hormigón en forma de T situado en el Olivar de Veliso y ampliaron el campo de acción. Lo define como una “obra de ingeniería indestructible”.

Ni siquiera los saqueadores en la posguerra pudieron desmontarlo. Tampoco la especulación urbanística que ha sembrado de segundas residencias la zona. “Algunos vecinos vinieron a traernos los restos de proyectiles que encontraron al hacerse el chalé”, recuerda. De los cuerpos de los más de 500 republicanos no hay noticias. El arqueólogo asume que desaparecieron en una fosa común que no se sabe dónde está.

Los republicanos, a la intemperie, solo podían tumbarse y reptar para que las balas pasaran lejos. Si trataban de incorporarse para disparar, la ametralladora acababa con ellos. De ahí que los arqueólogos no hayan encontrado sus proyectiles cerca de las fortificaciones franquistas. “Unos fallaron mucho y otros acertaron todo”, dice González-Ruibal.

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