La perdiz roja, un patrimonio ibérico

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Ejemplar de perdiz roja – Especies cinegéticas

De carácter sedentario, es la especie más emblemática de la caza menor española

La perdiz roja (Alectoris rufa) es, sin duda, la especie más emblemática de la caza menor española y una de las aves más apreciadas por el cazador de pluma internacional. Ocupa gran variedad de hábitats: desde estepas abiertas de monte bajo y tierras de cultivo a terrenos de montaña, y desde el nivel del mar a alturas de más de 2.000 metros, por lo que su ciclo biológico cambia de una zona a otra.

La perdiz es fiel a la tierra que la vio nacer. Suele decirse que muere donde nace. Este carácter sedentario y sus adaptaciones al entorno han propiciado la aparición de características físicas propias que aportan un carácter e identidad particulares a poblaciones aisladas en cuanto a tamaño, color, densidad del plumaje y comportamiento, por lo que cuidar su pureza genética es de vital importancia.

Es de carácter gregario y vive formando bandos compuestos básicamente por la pareja reproductora y la pollada del año. Así se mantienen hasta que, en enero o febrero, los machos comienzan a pelearse y a apartar a su pareja (la picadilla), anunciando con su canto su presencia. La perdiz entra en celo más o menos al mismo tiempo que florece el almendro, cuando, al final del invierno, los rayos de sol comienzan a calentar. Es el macho el encargado de realizar un escueto nido en el suelo, donde la hembra pondrá, dependiendo de la bondad del año, más o menos huevos. Se calcula que crían con éxito entre el 60 y el 80 % de las parejas.

En años buenos de cría, o por haber perdido la primera puesta, pueden efectuar otra puesta más corta, incluso dos simultáneas que se repartirá la pareja para incubarlas, temporadas en las que se dice que «han parido hasta los machos». Así nacen y crecen los pollos que formarán el bando, y el ciclo anual vuelve a empezar.

La perdiz es eminentemente hervíbora y su dieta se basa en frutos, semillas y brotes, aunque también come invertebrados, sobre todo en primavera. Los insectos son parte esencial de la alimentación de los pollos y su escasez condiciona seriamente su supervivencia.

Un futuro incierto

La perdiz salvaje ha sufrido en las últimas décadas una notable regresión de sus poblaciones derivada del aumento de la agricultura intensiva por el abuso de productos fitosanitarios, la utilización de semillas tratadas y la modificación del campo y sus hábitats naturales, así como por una excesiva predación, sobre todo sobre pollos y nidos. También, en ocasiones, por una elevada presión cinegética y por culpa de las sueltas de ejemplares de granja sin garantías genéticas y sanitarias.

El futuro de la perdiz es incierto, aunque en los últimos tiempos el compromiso por su defensa parece en alza y son muchos los trabajos científicos y proyectos de recuperación impulsados, principalmente, por instituciones ligadas al sector cinegético que benefician, además, a otras aves esteparias en peligro de extinción.

Son muchas las trabas que hoy encuentra este auténtico tesoro de nuestros campos para su supervivencia; pero, como otras especies cazables, las perdices son prolíficas y el ciclo anual de renovación de sus poblaciones cuenta a su favor, así que con unos pocos cuidados su recuperación sería factible.

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