La sombra de Raúl es alargada

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Desde que el mito dejó el Real Madrid ningún delantero centro de la cantera triunfa en el club. Mariano, destrozado por las lesiones, es el último ejemplo

Los análisis internos de la dirección deportiva del Real Madrid son precisos y no admiten opinión, son datos telemétricos del cuerpo técnico. El equipo genera un promedio de diecisiete jugadas de gol en cada partido y no lo encuentra con la facilidad de antaño. La estadística aplicada al fútbol no tiene preferencias, ni gustos. Benzema no es un «nueve» puro y no puede sustituir a un rematador nato como Cristiano, que solo se dedicaba a eso. El portugués sucedió en esa misión a Raúl y desde que el canterano dejó la plantilla hace ocho años su sombra es demasiado alargada. Muchos canteranos han aspirado a tomar el testigo del mito nacido en San Cristóbal de los Ángeles y ninguno ha conseguido mantener el pulso de ser el nuevo ariete del campeón de Europa. Mariano es la última víctima de esta presión externa que produce la Raúl González Blanco, un estigma que derrotó anteriormente a Morata, Jesé y Borja Mayoral.

Raúl, un canterano, marcó 323 goles para el Real Madrid, cifra solo superada por Cristiano; es el ejemplo para todos los niños que militan en el club

Raúl cogió el relevo de Butragueño hace veintitrés años. Como manifiesta el Buitre con sinceridad, le quitó el puesto. Los dos eran canteranos que cubrieron con honor esa posición tan difícil. Otro producto autóctono, Grosso, ocupó en 1964 el hueco dejado por Di Stéfano. Los tres fueron jugadores formados en la ciudad deportiva del club que se hicieron un nombre en la historia de la entidad. Cada uno superó los méritos del anterior. Pero Raúl dejó una huella que solo Cristiano ha podido mejorar en los 116 años de leyenda del Real Madrid. El madrileño marcó 323 goles en 741 partidos.

Un listón demasiado alto

Desde su retirada, la casa blanca colocó a Raúl como el máximo exponente de ilusión para la cantera: «Es posible llegar a lo más alto». Pero su sombra les persigue, les ata, les anula, les deja maniatados mentalmente. El error es querer emularle, pretender compararse con él.

Morata intentó protagonizar esa trayectoria. Militó en el primer equipo a lo largo de seis temporadas, con el intervalo de su periodo de maduración en la Juventus durante un bienio. A su regresó, en 2016, quiso hacerse un hueco en el once. Gracias a su aportación se ganó la Liga de Zidane y ayudó de manera importante en la Champions. El francés, sin embargo, no le dio todo el fútbol que le prometió. Se marchó al Chelsea.

En la misma etapa, Jesé quiso ser un nuevo éxito de «la Fábrica» de Valdebebas. Una grave lesión, sufrida en febrero de 2014, y su pérdida de prioridades, centrado en la música y en ser DJ en su extenso proceso de recuperación, le dejó en el camino. Traspasado al PSG, busca reencontrar su sendero en el fútbol.

Borja Mayoral fue la penúltima apuesta. Jugó en dos temporadas alternas y al final se marchó cedido al Levante. Otro hombre forjado en la empresa, Raúl de Tomás, cedido al Rayo Vallecano, no ha tenido plaza en el primer equipo.

El último hombre que lucha por este objetivo ilusionante es Mariano. Podría jugar ahora mismo en un conjunto necesitado de acierto en el área. Dos lesiones consecutivas se lo han impedido. La más reciente se produjo hace cuatro días y es una irritación del nervio ciático, consecuencia del duro trabajo físico en el gimnasio por regresar en las mejores condiciones. Será baja mañana en Villarreal.

El dominicano nacido en Barcelona fue fichado en las últimas fechas del mercado veraniego, cuando el Sevilla intentó su contratación en negociaciones con el Olimpique de Lyon, donde anotó 21 dianas en 48 partidos a lo largo de la campaña pasada. El Real Madrid tenía preferencia y un precio inferior ante el club francés, por ser jugador de la casa blanca hasta 2017 y haber permitido su marcha por un precio mínimo, ocho millones. El delantero retornó al conjunto madrileño hace seis meses. Su coste de traspaso fue de 22 millones. El Sevilla debería haber pagado el doble, 40.

Mariano eligió el número siete en un deseo claro de coger el dorsal que Molowny, Kopa, Joseíto, Amancio, Serena, Juanito, Butragueño, Raúl y Cristiano hicieron legendario. El infortunio de las lesiones en el peor momento le han dejado sin lucirlo. Esta temporada solo ha disputado 349 minutos, divididos en diez partidos. Marcó un golazo a la Roma en el 3-0 cosechado en el Bernabéu, el 20 de septiembre, y después ha estrellado sus remates en los postes, en la ansiedad y en esas dolencias tan inoportunas. Tan inoportuna como fue ayer la lesión de Marcos Llorente, que corta su excelente rendimiento cuando había conseguido la titularidad.

Mariano, dominicano, no juega con su país porque espera que Luis Enrique le convoque para España. Ansía volver a jugar con Solari y demostrar su valía. El Real Madrid le necesita. Brahim, que espera ser su compañero en cuestión de días, es un media punta. A Solari le hace falta otro ariete, no depender solo de Benzema. Mariano no debe comprarse con Raúl, ha de ser él mismo.

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