La UE busca vías para salvar el pacto del Brexit sin ceder en las líneas rojas

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May trata de recabar apoyos en Bruselas para ratificar el acuerdo de salida en el Parlamento británico

La nefasta semana de Theresa May, con moción de confianza de su grupo parlamentario incluida, ha sumado este jueves otro día negro durante la cumbre europea en Bruselas. La primera ministra británica ha llegado a la capital europea en busca de ayuda para lograr la ratificación en el Parlamento británico del acuerdo de salida del Reino Unido de la UE. Pero la UE ha supeditado cualquier muestra de apoyo a que May ofrezca garantías sobre su capacidad para sumar los votos necesarios en el Parlamento para completar el proceso del Brexit.

La UE se muestra dispuestos a ayudar a la tambaleante líder británica, pero extreman la cautela ante el riesgo de que todo el proceso descarrile antes de la consumación del Brexit, prevista para el próximo 29 de marzo. Los socios comunitarios pidieron explicaciones a May sobre el calendario de ratificación del acuerdo, paralizado el pasado lunes por el Gobierno británico tras constatar el rechazo de buena parte de los diputados conservadores y de la oposición laborista.

La UE teme que cualquier concesión a la fragilizada primera ministra resulte inútil o, incluso, que hipoteque los intereses europeos en la futura relación con Londres. Bruselas no parece dispuesta a repetir la experiencia de 2016, cuando hizo grandes concesiones al gobierno de David Cameron para ayudarle a ganar el referéndum del Brexit (hasta el punto de aceptar cierta limitación a la libre circulación de trabajadores europeos) sin que el primer ministro británico lograra salir airoso de su consulta.

«Nadie puede garantizar que si se le concede algo a May en diciembre, no volverá en enero a pedir más porque no se atreve a llevar el acuerdo del Brexit a su parlamento», señala con precaución una fuente comunitaria. «Primero tendrá que explicar por qué no se ha votado todavía el texto y después, cuál es el proceso que piensa seguir para lograr su ratificación», exige un diplomático europeo.

El encuentro con May tenía prevista una coreografía similar a otras citas del Brexit. La primera ministra disponía de 15 o 20 minutos para exponer su posición. Pero esta vez, a diferencia de las anteriores en que los 27 guardaban silencio tras la intervención de May, se preveía una batería de preguntas, según una fuente europea, para obligar a May a concretar su compromiso con la ratificación.

La cautela europea aparece claramente plasmada en el proyecto de conclusiones que esperan aprobar los 27 socios de la Unión. El texto, de solo seis párrafos, nada más que acepta la posibilidad de «examinar si se pueden ofrecer nuevas garantías» a May sobre los puntos del pacto de salida que inquietan a los diputados británicos, en particular, el establecimiento de una unión aduanera entre la UE y el Reino Unido.

Pero incluso ese texto, aparentemente inocuo, provoca reticencia en varias delegaciones, con Francia y España entre las más duras. «No aceptaremos ninguna fórmula que suponga reabrir el acuerdo por la puerta de atrás», advirtió una fuente española. Y la misma fuente subrayó que «si se reabriera, todos querríamos incluir algo y eso nos llevaría a un debate sin fin».

El presidente francés, Emmanuel Macron, se puso al frente de los países que se niegan en redondo a que se conceda a Londres cualquier tipo de solución con valor jurídico. «Creo que es importante evitar toda ambigüedad: No se puede reabrir un acuerdo jurídico (…) Sí se puede tener una discusión política en ese contexto», zanjó el francés al comienzo de la cumbre.

May, sin embargo, reclama «garantías políticas y jurídicas» de que Reino Unido dispondrá de cierto margen para abandonar la unión aduanera con Europa, que se pondría en marcha si Londres y Bruselas no logran después del Brexit un acuerdo comercial que evite la aparición de fronteras entre las dos Irlandas.

Los presidentes del Consejo Europeo, Donald Tusk, y de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se muestran algo más abiertos a buscar fórmulas que compaginen la integridad del acuerdo de salida con las necesidades políticas de la primera ministra. «Lo primero es escuchar a May y después habrá que decidir qué se puede ofrecer», señalaba un alto cargo comunitario.

La cumbre de este jueves sería, en ese caso, el punto de partida de una nueva negociación que debería concluir en enero, a tiempo para que May someta el acuerdo con Bruselas al temido veredicto de Westminster. Fuentes diplomáticas advierten, sin embargo, que debería ser una negociación expeditiva, sin involucrar a grandes equipos y sin aspirar a una declaración de gran alcance. El objetivo de las delegaciones europeas, sobre todo de las más duras, como la española, es evitar que la negociación de un texto político tome un vuelo indeseado. «Mucho ojo, porque rápidamente caemos de lo político a lo jurídico», señala con extrema cautela una fuente española.

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