Los Gobiernos recobran el control del proceso de nombramiento

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La Eurocámara logró hace cinco años que los Ejecutivos aceptaran a Juncker

Tocado pero no hundido. El proceso que se estrenó en 2014 para democratizar la designación del presidente de la Comisión Europea ha quedado casi neutralizado en la cumbre europea de este martes en Bruselas, si bien fuentes comunitarias no descartan que sobreviva aunque salga damnificado. Los Gobiernos de la UE han recuperado el control del nombramiento más importante del club comunitario, que perdieron hace cinco años tras una hábil maniobra del Parlamento Europeo. Ahora, gracias en parte a la ausencia de mayorías claras en las elecciones del 26 de mayo, las capitales marcarán el proceso de designación aunque la última palabra siempre la tenga la Eurocámara.

El Consejo Europeo ha dejado claro que no se siente obligado a proponer como presidente de la Comisión a ninguno de los candidatos elegidos por los partidos políticos (en el sistema llamado spitzenkandidat) y que se reserva el derecho a plantear otros nombres. «El debate de hoy ha confirmado que el Consejo ejercerá su papel, lo que significa que no hay ningún automatismo», señaló el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk al término de la cumbre celebrada en Bruselas. «Al mismo tiempo», añadió, «no hay por qué excluir a nadie que haya sido candidato. Es más, puede ser un activo para esa persona». Fuentes comunitarias indicaron que el objetivo es “llegar a la cumbre de junio con al menos dos nombres y uno de ellos no tendría por qué ser uno de los candidatos oficiales de los partidos” en los comicios.

El propio Parlamento, que hace cinco años logró imponer que la presidencia de la Comisión se reservase a alguno de los candidatos designados por los partidos políticos, parece menos reacio esta vez a que el nuevo presidente surja de un regateo más amplio. Hace cinco años, el Consejo se vio forzado a aceptar a Jean-Claude Juncker como presidente después de que el luxemburgués hiciese campaña en nombre del Partido Popular Europeo, la fuerza que ganó aquellas elecciones europeas.

“En 2014, los Gobiernos se vieron sorprendidos por el Parlamento, pero esta vez son conscientes de que es clave la personalidad del próximo presidente y no van a permitir que se les vaya de las manos”, apuntaba una fuente diplomática durante la cumbre europea celebrada este martes.

La batalla se anuncia complicada porque el futuro presidente necesita el respaldo tanto de los Gobiernos (por mayoría cualificada) como del Parlamento (por mayoría absoluta de al menos 376 votos). El Consejo debe pactar un nombre que satisfaga a las tres grandes familias políticas con Gobiernos (populares, socialistas y liberales). Según explicó la canciller Angela Merkel, las negociaciones estarán lideradas por Tusk y participarán en ellas dos miembros del Consejo de cada familia política: por los socialistas, Pedro Sánchez (España) y Antonio Costa (Portugal); por los liberales, Charles Michel (Bélgica) y Mark Rutte (Holanda), y por los populares, Krisjanis Karins (Letonia) y Andrej Plenkovic (Croacia).

Socialistas y liberales parecen dispuestos a aliarse para imponer a alguien de sus filas después de 15 años de presidencias conservadoras. Pero los ocho Ejecutivos del PPE disponen de minoría de bloqueo siempre y cuando el Reino Unido se abstenga en la votación. La persona elegida, por tanto, necesita el apoyo de los tres grupos. Y lograr ese mismo respaldo en el Parlamento.

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