María Hervás: “Ser actriz es una militancia”

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La laureada actriz de teatro interpreta a la víctima de La Manada en la obra ‘Jauría’ y defiende que su oficio es su forma de hacer política.

El pasado martes, al acabar el ensayo general con público de Jauría, la obra donde interpreta a la víctima de La Manada, María Hervás se abrazó largamente a los cinco actores que encarnan a sus agresores sexuales mientras recibían varios minutos de aplausos. Había lágrimas en los ojos de todos. Los de ella estaban arrasados desde que salió a escena. La obra, transcripción del sumario y el juicio del caso, carece de efectismo. No hace falta añadir horror al horror mismo, y ninguno de los seis intérpretes —ni la platea— sale indemne. Recordándola llorosa y frágil, impresiona aún más la mujer resueltísima que comparece a esta entrevista el día siguiente. Hablamos en el desván del teatro apenas una hora antes del estreno oficial en Madrid y la protagonista no muestra prisas por zanjar la charla. Si tiene nervios, se los come. Como a la cámara.

Se pasa la función llorando. ¿Qué marca de irritante ocular usa?

Ninguno. Jamás. No creo que las lágrimas deban ser el objetivo, sino el resultado del dolor que encarna una actriz para contar la historia. No son buscadas.

O sea, que sufre de verdad.

Absolutamente. Me encantaría hablar con algún experto para saber si puedo informar a mis células de que eso es ficción. Porque padecen. Padezco cada noche una tragedia que, con suerte, la mayoría de las personas no tienen que padecer nunca.

¿Y le compensa?

Sí.

¿Tan bien le pagan?

Vivo de mi trabajo. Por fin. Pero no, me compensa porque, a mis 31 años, no entiendo la vida sin la generosidad del acto comunitario, y no he encontrado uno mejor que el teatro.

Lo suyo es amor al prójimo.

Mi trabajo es un acto político. Para mí ser actriz es una militancia, y la manera que yo tengo de hacer política diaria.

¿Entonces, no actuaría en una obra cuyo tema, o autor, no fuera de su gusto político?

En absoluto. Nada es tan simple ni general. Me muevo siempre en los límites de lo correcto y lo incorrecto políticamente y lo moral y lo inmoral socialmente. Es mi tarea ya no como actriz, sino como ser humano. Es por puro egoísmo. Para poder dormir.

Cuando sufre tanto ¿somatiza?

Sufro con todo. Una amiga dice que soy PAS, Persona Altamente Sensible, que es un síndrome psicológico. Parece una tontería, pero tengo que prepararme. Hago yoga ashtanga. Aún así, al día siguiente de terminar una obra, caigo enferma.

¿Es una atleta de las tablas?

Por supuesto, pero casi más un samurai. La fuerza de voluntad, la concentración, la preparación física, el fluir y a la vez estar anclado a la tierra. Necesito eso para luego llegar al teatro y hacer la única función que tiene el actor sobre las tablas, que es ser libre, ser más libre de lo que somos debajo de ellas.

A sus 31 años, interpreta a una chica de 18 que quiere vivir y acaba violada y cuestionada. ¿Comprendemos esa mezcla de hedonismo y vulnerabilidad?

No, porque no se comprenden los 18 años de una mujer, ni los 30, ni los 50. No nos educan para eso. Yo misma, mujer, progresista y feminista, antes de meterme en el proceso de esta obra, la he prejuzgado y me he descubierto diciendo: ‘¿pero cómo pudiste hacerlo tan mal?’

¿La culpaba?

No, pero me salía esa cosa de regañarle como a una amiga: por qué te quedaste sola, por qué te fuiste con esos descerebrados, por qué te diste un beso con uno, por qué te metiste al portal? Te fuiste equivocando en cada paso del manual que nos dan desde pequeñas para ser la niña, la joven y la mujer perfecta. Ese manual hay que leérselo a los hombres y decirles: esto es todo lo que voy a dejar de ser. Y quemarlo juntos.

Emociona el abrazo con los actores que encarnan a sus agresores. ¿Ellos también sufren?

Muchísimo. Todos tenemos zonas erróneas. Esta obra nos ha transformado a todos. Puedo decir que ahora tengo claro que esta chica no se equivocó ni en uno de sus pasos aquella noche. Era pura pulsión de vida. Quería conocer gente, divertirse, beber, viajar, celebrar la vida sin miedo y sin culpa.

Como un tío.

Como un tío, como deberíamos ser todos los seres vivos de este planeta. Ella no se equivocó, se equivocaron ellos y los que la hemos juzgado. Si viniera y viera esta obra, ojalá le sirviera para sanar en algo su herida.

Después del exito de su montaje ‘Ifigenia en Vallecas, y ahora el de ‘Jauría’, 2019 puede ser su año.

Me llevan diciendo 5 años que este es mi año. Me da igual. No voy con objetivo, mi objetivo es que el estreno de esta noche salga de puta madre, y antes de eso, darte una buena entrevista. Lo que también tengo claro es que, esté donde esté, me lo he currado. Lo que suceda es consecuencia de la carne que he puesto en el asador.

¿Siempre ha sido tan intensa?

Gracias. Sí, pero no. Luego soy una petarda, quédate después del estreno y vente de cañas con nosotros, o métete en mis redes y me verás como loca bailando reguetón en albornoz.

¿Reguetón? ¿Pero no había que vetar a Maluma por sexista?

No hay que prohibir nada en la vida. Yo con Maluma lo que haría es hacerle el amor muy bien, porque yo creo que le han follado mal, para que aprenda lo que es una mujer, tomara notas y después compusiera un reguetón feminista. Esto también es política. Lo haría por un bien social a la comunidad femenina. Maluma, baby, hablo en serio: hazlo, yo salgo en el vídeo: lo petamos.

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