Más ingresos, más gastos, acento social y superávit primario: las claves de los Presupuestos mexicanos

Categories Internacional/MundoPosted on

El Gobierno de López Obrador se fija una meta de crecimiento económico del 2% en 2019 y cree que el tipo de cambio se estabilizará en el entorno de los 20 pesos por dólar

El nuevo Ejecutivo mexicano, presidido por Andrés Manuel López Obrador (Morena, izquierda), ya tiene un plan presupuestario para su primer año de Gobierno. Sabedor de que tanto inversores como analistas internacionales mirarán con lupa los primeros Presupuestos del sexenio, el Gobierno insiste, por activa y por pasiva, en su compromiso de “manejo responsable de las finanzas públicas”. “La sustentabilidad del balance fiscal y la deuda pública es uno de los objetivos más importantes de la política económica en un país”, subrayan en el texto presentado ante el Congreso. La cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México no ha sentado bien en los mercados financieros —la prima de riesgo ha subido con fuerza y el valor del peso se ha resentido— y en los nuevos círculos oficiales se es consciente de que el margen de maniobra es escaso. El primer veredicto llegará el lunes con el termómetro de los bonos y del tipo de cambio. Estas son las principales claves de las cuentas públicas para 2019:

Ingresos al alza. El Presupuesto de 2019 prevé una recaudación de algo más de 5,8 billones de pesos, un 6,3% más que lo previsto para 2018. De esa cifra, las dos terceras partes son ingresos tributarios, que crecen en línea con la expansión económica y la inflación, y la quinta parte tiene que ver con una derrama petrolera que aumenta respecto a este año, pero que ya no da al fisco las alegrías de antaño. A pesar de que la recaudación fiscal mexicana sigue estando muy por debajo de la media de la OCDE, a la que pertenece México, el Gobierno insiste en que no incrementará las cargas tributarias en términos reales. Esa política de no subida de impuestos se mantendrá, según el Ejecutivo, al menos hasta el ecuador del sexenio recién iniciado. Sí hay, en cambio, un aviso a navegantes: “Hacienda considera que uno de los retos hacia adelante en materia tributaria consiste en adecuar el marco legal y tributario a los cambios generados en la economía en su conjunto por el avance tecnológico de los últimos años”. Las nuevas plataformas están en el punto de mira de medio mundo y México no es una excepción.

Los gastos también suben. Los egresos del sector público mexicano subirán un 6,1% interanual en 2019, hasta rozar los 5,78 billones de pesos. Por carteras, la más beneficiada es Defensa —un 11%; la Guardia Nacional dependerá de este departamento y el combate a la criminalidad se instrumentalizará, en buena medida desde aquí—, Energía —con un incremento del 960%, en buena medida por la construcción y remodelación de refinerías— Trabajo —que multiplica casi por diez sus recursos, en buena medida para la puesta en marcha de jóvenes aprendices en empresas— y Educación —que recibirá un 3% más—. Y menos para Gobernación, Salud, Agricultura y Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Recursos Naturales, y Ciencia y Tecnología. Las cuentas públicas de 2019 recogen, además una fuerte subida en los recursos para Pemex. La petrolera estatal mexicana obtendrá en 2019 casi 465.000 millones de pesos, un 18% más que este año, y debería cerrar con un déficit de 65.400 millones en su balance financiero. Esta cifra, aun siendo muy abultada, es inferior en 17.000 millones a lo aprobado por el Gobierno del PRI para 2018.

Aumento del gasto corriente pese a las promesas. La idea de López Obrador y su equipo es, poco a poco, ir reduciendo el gasto corriente para poder así incrementar la inversión. El año que viene, sin embargo, el gasto corriente estructural crecerá, en términos reales, un 2,3%: la promesa tendrá que esperar.

Bajada salarial. Tras el ajuste de los salarios más altos de la Administración —ningún funcionario podrá ganar más que el presidente, ha dicho, por activa y por pasiva, López Obrador— y el adelgazamiento de las estructuras burocráticas, el gasto en estas partidas cae en un 1,4%. Las cuentas contemplan también una reducción del 4,8% respecto a 2018 en el rubro de servicios personales, que incluye la eliminación de seguros de gastos médicos y de despido para funcionarios.

Mayor superávit primario. La segunda mayor economía de América Latina cree poder cerrar 2019 con un superávit primario —la diferencia entre ingresos y gastos sin tener en cuenta el pago de intereses— del 1%, tres décimas más de la cifra con la que se espera cerrar este año y seis más que en 2017. Hasta entonces, México llevaba ocho años seguidos gastando más de lo que recaudaba. La cifra prevista para 2019 es positiva, pero tiene un reverso importante: tras el fuerte crecimiento de la deuda pública en la última década, la partida de intereses se ha disparado y buena parte de ese mayor superávit irá a parar a cubrir el coste financiero del endeudamiento contraído.

Déficit público estable en el 2%. Una vez incluidos los intereses de la deuda, las cuentas públicas mexicanas cerrarán el año que viene con unos gastos superiores en un 2% a los ingresos. Es exactamente la misma cifra prevista para el cierre de 2018. Y similar a la de 2017: 2,1%. En esos guarismos, sin embargo, no está incluido el beneficio del Banco de México —conocido el argot financiero bajo el nombre de remanente de operación—, que suele inyectar una cantidad de dinero nada despreciable a las arcas públicas. El año pasado, sin ir más lejos, acabó rebajando el déficit en un punto porcentual: del 2,1% al 1%.

Se disparan los recursos destinados al repago de la deuda. El fuerte incremento del endeudamiento público soberano de los últimos años se deja sentir, también, en las cuentas públicas del año que viene. En 2019 saldrán casi 543.000 millones de pesos para afrontar los compromisos adquiridos, un 11% más que en el ejercicio que está a punto de concluir. Y otros 155.000 se irán para repagar la deuda de las empresas públicas, frente a los 136.000 de 2018. En lo tributario, el sexenio de Enrique Peña Nieto (PRI) estuvo marcado por el incremento de la deuda pública a pesar de la ambiciosa reforma acometida en 2013. Pero la mayoría de especialistas consultados apuntan en la misma dirección: el país norteamericano debe incrementar los ingresos, con nuevas figuras fiscales, subidas en las ya existentes y, sobre todo, con un combate más efectivo del fraude.

18.000 millones de pesos para la “modernización y rehabilitación de la infraestructura aeroportuaria”. Buena parte de ese dinero irá a parar a mejoras sobre el actual aeropuerto de la Ciudad de México, que opera al límite de su capacidad, y otra, a la conversión de la base militar de Santa Lucía en aeropuerto civil. No hay mención ni partida específica alguna para afrontar el elevado coste de cancelación del fallido nuevo aeródromo internacional capitalino.

Chequera abierta para los proyectos sociales estrella del sexenio. El Gobierno destina 100.000 millones de pesos a la pensión universal que recibirán los adultos mayores de 68 años; 44.300 millones para Jóvenes construyendo el futuro, el plan para evitar el fenómeno de los ni-ni y el aumento de la delincuencia juvenil; 17.300 millones para las becas de estudiantes de educación media superior y 6.000 millones para fijar un precio de garantía en los productos agrarios —una suerte de seguro para los campesinos—, entre otras.

Estímulo fronterizo. Aunque los impuestos no bajan con criterio general, sí lo hacen en la franja limítrofe con EE UU: el IVA tendrá una tasa reducida del 8% y el Impuesto sobre la Renta (ISR) que pagan las personas físicas tendrá un recorte de la tercera parte. El importe de estas medidas rondará los 40.000 millones de pesos.

El nuevo cuadro macroeconómico

Crecimiento del 2% en 2019. El Gobierno estima un rango de expansión del PIB de entre el 1,5% y el 2,5%. A efectos de estimación de las finanzas públicas —el crecimiento económico es una variable esencial para dimensionar los ingresos—, la Secretaría de Hacienda, capitaneada por Carlos Urzúa, se va al punto medio de la horquilla: el 2%. El Ejecutivo es más prudente que el Banco de México, que en su último informe trimestral calcula una expansión. Las previsiones del Gobierno saliente para 2018 han pecado de optimistas: el crecimiento cerrará el año en el 2,3%, ligeramente por debajo del 2,5% proyectado.

Gasto de las familias e inversión al alza y exportaciones a la baja. El consumo, auténtico sostén de la —tímida, en comparación con otros emergentes— expansión económica en los últimos años seguirá siendo robusto. Sin embargo, la inversión, talón de Aquiles de los últimos ejercicios, debería mostrar una “recuperación más clara impulsada por la disipación de la incertidumbre asociada de la negociación exitosa” del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá —antes conocido como TLC, ahora rebautizado como T-MEC—. La desaceleración de la economía estadounidense —a la que van a parar el 80% de las exportaciones mexicanas— se traducirá, en cambio, en una desaceleración del sector exterior. “No obstante, se prevé que las importaciones tengan una desaceleración aún mayor, por lo que las exportaciones netas tendrían una contribución positiva”, reza el texto hecho público este sábado.

Menor inflación: todavía alta, pero ya en el rango del Banco de México. Las cuentas públicas mexicanas están elaboradas sobre la base de que la inflación cerrará 2019 en el 3,4%, frente al 4,7% que se prevé para el mes en curso —un 1,7% superior a lo proyectado en diciembre pasado por el Ejecutivo priista—. La inflación, de cumplirse los cálculos del titular de Hacienda, Carlos Urzúa, y su equipo, debería promediar un 3,9% en todo el año viene, en contraste con el 5,1% de 2018. El instituto emisor tiene como objetivo de su política monetaria una horquilla de entre el 2% y el 4%, por lo que la cifra del año que viene regresaría a su rango objetivo.

Plataforma petrolera a la baja. El Ejecutivo prevé que la producción nacional caiga hasta los 1,85 millones de barriles diarios. En julio pasado, los bombeos bajaron de la cota de los dos millones de barriles diarios por primera vez en casi cuatro décadas. Y la tendencia parece no tener fin, al menos, en el corto plazo.

Menor precio del crudo. De cumplirse las proyecciones gubernamentales, la mezcla petrolera mexicana debería promediar 55 dólares por barril. La cifra está por debajo de los 62 dólares previstos en las cuentas públicas de este ejercicio: tras una buena primera mitad de 2018, el tramo final del año está resultando ser muy negativo para los intereses de los países productores —entre ellos México—, con una caída sostenida en el precio del crudo.

Un dólar, 20 pesos. El Ejecutivo prevé que el tipo de cambio cierre tanto 2018 como 2019 en 20 pesos por dólar estadounidense. El promedio de 2017 fue de 18,4 unidades por dólar; en 2018 esta cifra ya subió hasta 19,2 y en 2019 promediará 20.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *