Muere Chicho Ibáñez Serrador, un genio de la televisión en España, a los 83 años

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Su legado abarca clásicos de la televisión como ‘Un, dos, tres’ o ‘Historias para no dormir’ o la película ‘¿Quién puede matar a un niño?’

Narciso Ibáñez Serrador, más conocido como Chicho —como le llamaban tanto sus amigos como los millones de espectadores que entre los años sesenta y ochenta seguían sus programas de televisión—, ha muerto este viernes en Madrid a los 83 años. Su delicado estado de salud en los últimos meses no le impidió ver cómo su legado, que abarca clásicos de la televisión como Un, dos, tres e Historias para no dormir o la película ¿Quién puede matar a un niño?, se convertía en fuente de inspiración para generaciones de cineastas españoles, desde Álex de la Iglesia a Alejandro Amenábar o J. A. Bayona. La forma de contar de este uruguayo, hijo de una actriz y un director teatral, que se mudó a España con 12 años, lo convirtió en uno de los nombres clave de la televisión española. Durante años se le consideró uno de los grandes narradores de la imagen.

Nacido en Montevideo en 1935, fue ante todo un niño lector. Tenía púrpura hemorrágica, lo que le obligaba a estar aislado y comenzó su afición por la lectura. Compensó sus carencias desde niño con sentido del humor. Con ocho años puso voz al conejo Tambor, el personaje de Bambi. Empezó a escribir teatro en España y a hacer televisión en Argentina, adonde se trasladó en los años cincuenta. En su primera serie, Obras maestras del terror, adaptó clásicos como Robert L. Stevenson o Edgar Allan Poe (“Poe es mi Dios”, diría más tarde).

En 1963 empezó a trabajar en Televisión Española, como adaptador de piezas clásicas para Estudio 3. Poco después, pulió aquel formato argentino en su primer gran éxito español, Historias para no dormir. Aquella antología de tres temporadas de relatos de terror, que él mismo presentaba al estilo de Alfred Hitchcock, recibió galardones internacionales (los primeros para Televisión Española) y cimentó su fama como ambicioso visionario de lo que entonces se llamaba caja tonta.

En 1972, y ya con el premio Ondas a mejor autor, y La residencia, la primera de sus dos películas, ya estrenada, cambió de registro y creó Un, dos, tres, que acabaría siendo un concurso legendario de la televisión española y el primer gran éxito que otros países compraron. En esta mezcla de pruebas de cultura, habilidad física y suerte, Serrador demostró no solo su versatilidad y capacidad para elevar lo que era entonces un género menor de la televisión y su olfato para detectar talentos. De aquel formato salieron figuras como Victoria Abril, Lydia Bosch, Bigote Arrocet, Miriam Díaz-Aroca o Beatriz Carvajal.

Para explicar la huella de Ibáñez Serrador y la importancia que tuvo en su época, basta señalar el hecho de que las parejas de concursantes tuviesen un vínculo entre ellas previo al programa y las minifaldas de las presentadoras, que no tenían entonces el significado que tienen hoy, sino que eran un gesto contra la censura de la época. En 1974, Ibáñez Serrador fue nombrado Director de Programas de RTVE: eliminó la figura del censor y dimitió a las pocas semanas. En 1984, el programa tenía 20 millones de espectadores, o sea, la mitad del país. 

Ibáñez Serrador no dejó de trabajar. Estrenó su película más conocida, ¿Quién puede matar a un niño?, en 1976. Y en 1989, cuando las cadenas privadas nacían y empezaban a hacer sombra a la hegemonía televisiva de TVE, creó y dirigió Waku waku, otro concurso esta vez centrado en el mundo animal. En 1990 también dirigió el espacio Hablemos de sexo, presentado por Elena Ochoa, otro hallazgo para su cantera. 

En 1994 dirigió El semáforo, un programa donde se valoraban a artistas desconocidos: duró hasta 1997. No volvió a ponerse al frente de un programa nuevo.

Sí volvió a la televisión de vez en cuando: en 2004 dio forma a Un, dos, tres… a leer otra vez para Televisión Española o a supervisar para Telecinco una serie de películas titulada Películas para no dormir (que la cadena no llegaría a emitir). Fue manteniendo un perfil cada vez más bajo. En 2010 ganó el Premio Nacional de Televisión por toda su trayectoria. En 2019, cuando llevaba años en silla de ruedas y con cuidados las 24 horas, recibió el Goya de Honor.

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