Paz en el vestuario y fracaso en el campo

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Real Madrid

Solari dio prioridad a las jerarquias y alineó a dos jugadores, Modric y Marcelo, que no estaban en condiciones de rendir

Hay una verdad convertida en máxima del fútbol que expresa que lo que sucede en el campo es siempre responsabilidad del rendimiento de los futbolistas, pero los entrenadores deben alinear a los jugadores que mejor se encuentren aeróbica y anímicamente para exigir la victoria. Solari llegó para solucionar una situación crítica y el mensaje del Real Madrid fue que pusiera y sentara a quien quisiera, pues el único objetivo era volver a ganar. Se le rogaba eficacia, no nombres. Aplicó bien esa libertad en un principio, pero frente al Éibar, el CSKA de Moscú y el Villarreal cometió errores que demostraron una inexperiencia que no ha corregido tras los dos primeros golpes. En el estadio de La Cerámica sufrió el tercero . Cazorla monopolizó el golpe.

Le piden eficacia: el mensaje del club es jugar con quienes estén en forma y el técnico repitió el mismo error de Éibar

El argentino comenzó valiente su andadura en el Real Madrid al utilizar a los hombres que mejor estaban. Expuso a Isco, víctima de una operación de apendicitis, que no competiría hasta que recuperara la forma en medio de una crisis física alarmante y generalizada. Contó con Odriozola, Reguilón, Fede Valverde y Lucas para conseguir mayor poderío. Pero en Éibar, en un campo estrecho donde hacer fútbol es una quimera, cedió. Dio potestad al poder del vestuario campeón y eligió un once que extrañó a dirigentes y profesionales del club. Dejó en el banquillo a Lucas, Carvajal y Marcos Llorente, que todavía no entraba en sus planes. Los tres eran los hombres en mejor forma de plantel y no estaban en el equipo. El 3-0 debió ser una lección. Solo lo fue para alinear por fin a Llorente, que le demostró al instante que debía jugar desde que Casemiro se rompió. Pero no aprendió las otras lecciones. Y volvió a tropezar.

Falló en la alineación ante el CSKA de Moscú, repleta de bisoñez, con Vallejo y Javi Sánchez como centrales. Supuso otro 0-3. Y en Villarreal otorgó de nuevo prioridad a la paz en la «cocina blanca» y seleccionó el once de los veteranos con dos futbolistas que no estaban en buenas condiciones, Modric y Marcelo. El Real Madrid lo pagó caro, con dos puntos perdidos que lo descolgaron a siete del Barcelona.

Isco, Ceballos y Reguilón

La alineación de Modric, aquejado de un proceso gripal con fiebre, era incomprensible para diversas personas del club. El croata quería aportar y se notaba que no podía. Es decisión del técnico reservar a un hombre para que se recupere y rinda en el maratón de partidos cada tres días que el Real Madrid ataca este mes. No se entendía esta precipitación por colocar en el campo a un enfermo, como si la temporada acabara hoy. El Balón de Oro no peleaba los balones, no estaba para ello. Ceballos, Fede Valverde o Isco, que después sustituyó al lesionado Bale, debieron ocupar esa posición desde el principio.

Lo peor es que el Madrid jugaba con nueve, porque Marcelo tampoco reunía argumentos para ser titular. Es verdad que el brasileño necesita partidos para alcanzar la forma, pero en ciertos segmentos de la casa blanca no se comprendía que jugara en Villarreal cuando tiene dos encuentros consecutivos en el Bernabéu, frente a la Real Sociedad y el Leganés, para explotar su talento ofensivo, en vez de exponerle a domicilio a la velocidad de los rivales. Marcelo ha sufrido en todos los encuentros lejos de Chamartín. Los técnicos rivales buscan su banda para encontrar el gol. Luis García puso a Chukwueze para romperle por piernas y lo hizo cuatro veces en unos minutos. A la segunda llegó el primer tanto, de Cazorla. Casemiro y Ramos hablaron de proteger a su amigo, que sufrió durante los noventa minutos. Reguilón defiende mucho mejor y calentó el banquillo. Solari debe recuperar la misiva del club: eficiencia, no nombres. Dentro de siete días visitará al Betis. ¿Tropezará por cuarta vez en las mismas piedras del vestuario?

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