River Plate, las raíces de la familia Solari

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Mundial de clubes

El técnico del Madrid tiene un vínculo familiar muy especial con el club argentino, que hoy juega ante el Al-Ain

Jorge, Santiago y Augusto. Tío, sobrino y sobrino segundo. Los Solari, de moda desde que hace mes y medio uno de ellos fuera elegido para entrenar al Real Madrid, tienen un vínculo muy especial con River Plate, el gran rival de los blancos para el Mundial de Clubes y que hoy (17.30 h Teledeporte) juega la primera semifinal ante el Al-Ain de los Emiratos Árabes. Mañana será el turno del campeón de Europa, que se mide al Kashima Antlers japonés, y la lógica debería medir a Madrid y a River en la lucha por el título del sábado.

La historia comienza en 1964, cuando Jorge «El Indio» Solari, apodado así por su parecido al famoso compositor y cantante argentino Indio Solari, miembro fundador de los Redonditos de Ricota, ficha por River Plate. Tenía solo 23 años, y su contratación fue un trueque con el portero de Vélez Sarsfield Rogelio Domínguez, que años atrás había sido guardameta del Real Madrid. Jorge es hermano de Eduardo, también futbolista y padre del actual técnico del Madrid, y durante sus seis temporadas en River lució su mejor fútbol.

«El Indio fue un volante de brega, incansable lucha y muchos kilómetros por partido. De hecho, en el Mundial de Inglaterra fue titular con Argentina, gracias a sus buenas actuaciones en su club», recuerda a ABC Daniel Onega, compañero suyo en aquel famoso River que dio inicio al apodo de «gallinas»: «Teníamos un gran equipo, pero quedamos marcados por la final de la Libertadores de 1966 ante Peñarol. Ellos ganaron la ida y nosotros la vuelta, así que tuvimos que ir a un tercer partido de desempate, disputado en campo neutral, en el Nacional de Santiago de Chile. Al descanso vencíamos 2-0, con gol de Solari y otro mío. Teníamos el título en las manos, pero Peñarol logró empatarnos antes del minuto noventa y en la prórroga nos metió dos más. Un 4-2 que nos dejó marcados», detalla Onega. Tras aquel mazazo, River visitó a Banfield en partido de liga argentina, y los hinchas locales lanzaron una gallina al campo pintada con los colores de los millonarios, mofándose así de su derrota en la Libertadores: «River estuvo 18 años sin ganar un solo título. Fue una pena, porque aquella generación era fabulosa».

Una familia solvente

A finales del pasado siglo, otro Solari volvió a honrar la camiseta de River. Santiago, como hiciera su tío en la década de los sesenta, triunfó con los millonarios, en una de las épocas más gloriosas del club argentino. Francescoli, Salas, Astrada, Gallardo, Sorín, Germán «el Mono» Burgos o Berizzo fueron integrantes de aquel gran River que ganó dos Aperturas y un Clausura, además de una Supercopa Sudamericana. En 1999, tres temporadas después de su debut en River, Solari voló a Madrid para jugar en el Atlético, previo paso al Madrid: «Santiago llegó con solo 20 años a River, pero su madurez era impropia de su edad. Siempre tenía una sonrisa en la cara y se tomaba su tiempo para dialogar con todo el mundo. Era muy educado, además de un futbolista excepcional», recuerda Onega.

Los Solari fueron una familia de solvencia económica, cultivada y con buenas referencias allá por donde pasaban. Eduardo, el padre de Santiago, se licenció en Educación Física, como Jorge; y otros dos tíos del hoy entrenador del Madrid son médico y farmacéutico: «Esa cultura del esfuerzo y del estudio que vivía en su familia ha sido clave para su personalidad. Si tengo que describirle a Solari en su etapa en River le recuerdo con el gesto alegre, fineza en su porte y un libro en el brazo. Ya era entonces un tipo culto y preparado. Uno de los pocos jugadores que viajaba leyendo un libro. En los aviones había jugadores durmiendo, otros tomando mate y Solari con un libro. Veías un adolescente adulto. Fue inteligente y supo aprovechar todas las herramientas que le dio la familia, algo que no sucede siempre con futbolistas de familia de clase media-alta», explica el periodista Ricardo Dasso.

«A Santiago lo traje yo a River, y no me equivoqué. Triunfó aquí y también en el resto de equipos que jugó. Y eso no es sencillo porque estuvo en varios de los mejores clubes del mundo y siempre rindió a gran nivel», explica Daniel Onega, que volvió a River hace ya 25 años para dirigir su departamento de captación: «Los Solari fueron siempre buenos profesionales y personas educadas y elegantes, En el recuerdo en el club de todos ellos es maravilloso».

El último de la saga en jugar en River ha sido Augusto Solari, nieto de Jorge y sobrino segundo de Santiago. Un lateral derecho de amplio recorrido que ya en su primer año, 2012, logró conquistar la Copa Libertadores sub 20. Después, hasta 2015, ya con el primer equipo, ganaría una Liga, una Copa de Argentina, una Libertadores, una Copa y una Recopa Sudamericana y una Copa Suruga. Actualmente, a sus 26 años, juega en Racing de Avellaneda, pero sus inicios se cocinaron en el Monumental, como le ocurrió a Jorge y a Santiago. Son las brillantes raíces de la familia Solari en River Plate.

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