Roglic palidece en la montaña

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Giro de Italia

Nibali y Carapaz liman más tiempo al favorito y a Mikel Landa. Victoria de Cataldo

El hechizo del ciclismo reside a menudo en esa mezcla de incertidumbre y montaña. Como las serpientes, el Giro ha cambiado la piel en dos semanas de tránsito por un país de contrastes que se explica elocuente en su carrera centenaria. El Giro es lo más alejado al equilibrio cartesiano, el círculo perfecto o el tedio. Carrera incontrolable, activa. Un desafío para el estilo del Sky que aburre en el Tour. Siempre pasa algo. Ha sucedido que Primoz Roglic ya no intimida a la competencia. El exsaltador de trampolín apabulló en el inicio de la prueba, incontestable en la contrarreloj, y con el paso de los días su efervescencia se marchita. En Como, ruta de lagos maravillosos por el norte de Italia, el esloveno palideció. Ya no tiene cara de favorito. Un latigazo de Nibali al que replicó solvente el líder Carapaz lo retrató. Perdió resuello, se cayó en el descenso del Civiglio y dejó 37 segundos de renta. El ecuatoriano del Movistar lo aventaja en 47 segundos y Nibali ya lo tiene a un minuto. Cataldo ganó la decimoquinta etapa fugado con Cattaneo.

Siempre cercano a su historia, el Giro trasteó por el entorno del Giro de Lombardía, uno de los cinco monumentos ciclistas, con su iglesia en la cima de la Madonna del Ghisallo, y su atmósfera celestial en los lagos Maggiore y Como. Magnífico paisaje donde se inspiró Vincenzo Nibali, dos veces vencedor en Lombardía.

Lo venía anunciando el «Tiburón» siciliano, obligado por la marcha de la carrera, la defensa del jersey rosa del Movistar y la inacción de Roglic, cuya estrategia parece consistir en resistir en la montaña como sea hasta la contrarreloj de cierre en Verona y sus 17 kilómetros para explayarse.

Se fugaron Cataldo y Cattaneo y la victoria de etapa se volvió descafeinada por ello, demasiado tiempo para que lo enjugase el Bahrain. En la última cima, Roglic solo como cada día, Carapaz bien protegido (Amador, Carretero, Landa por si acaso), estalló Nibali y ese termómetro solo lo sostuvo el líder rosa.

Apretó Landa y no llegó, aceleró Supermán López y tampoco. Roglic ni siquiera hizo ademán de seguirlos, pálido. Mientras afilaban el paso Nibali y Carapaz, a Roglic le entró la flojera. Una avería mecánica le obligó a un calentón para enlazar. Y un ataque de nervios le tiró al suelo en el descenso.

Lo que podía ser una jornada valle, se convirtió en un tormento para el favorito esloveno, que llegó apurado y lejos de la cabeza, 37 seg. detrás del tiburón y el líder.

El panorama es magnífico para el Movistar, aunque algo sombrío para Mikel Landa, que vuelve a tener grilletes en su equipo. No puede moverse sin calibrar el perjuicio que puede causar a Carapaz, el ecuatoriano que se muestra tan fuerte como el que más en este Giro estupendo.

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