Ska Keller: “La Comisión se ha movido poco y tarde en materia de emisiones”

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La candidata de Los Verdes se declara «impactada» por el acuerdo de gobierno en Andalucía

A los 16 años, Ska Keller no recorría Europa advirtiendo de los efectos del cambio climático como hace hoy la activista sueca Greta Thunberg. Eso no significa que no se implicara. La candidata de Los Verdes a las elecciones europeas del próximo 26 de mayo también tuvo un inicio precoz en la vida política: a esa edad era parte del movimiento antirracista en su localidad natal, Guben, una ciudad alemana de casi 20.000 habitantes tan cercana a Polonia que basta un paseo a pie para cruzar la frontera. A los veinte años se integró en las juventudes ecologistas, donde alcanzó la jefatura, y de ahí al liderazgo regional de su partido en Brandeburgo antes de dar el salto a Bruselas como eurodiputada.

En su país, como en el resto de Europa, Franziska Maria Keller ha mutado en el corto y sonoro Ska Keller. Su figura destacó en el debate a cuatro de Florencia por ser la única mujer sobre el escenario. Y a sus 37 años, la más joven. Los representantes popular, socialista, liberal y ecologista presentes aquel día sobre el estrado nacieron en décadas diferente: el liberal Guy Verhofstadt en los cincuenta, y Keller, en los ochenta, delimitan los extremos. Tal vez por eso a veces parezca sintonizar con más naturalidad con lo que los alemanes llaman el zeitgeist, el espíritu de los tiempos, donde el cambio climático, el feminismo o la batalla contra el populismo forman parte de la conversación global.

Las movilizaciones estudiantiles por el clima, correspondidas por los adultos, pueden hacer pensar que el momento de Los Verdes ha llegado. Keller les da la bienvenida, pero recuerda la paternidad de las consignas. “Me parece maravilloso que el movimiento por fin haya despertado. Los Verdes llevamos mucho tiempo hablando de cambio climático, y nos tomaban por locos”, apunta. Hoy todos los partidos se han posicionado sobre la crisis. “Está en lo alto de la agenda. La pregunta es: ¿qué han hecho para arreglar el problema y qué van a hacer en el futuro?”, interroga pragmática.

En esta legislatura Bruselas ha acordado límites de emisiones en el transporte y fijado cuotas de renovables, pero la ambición sigue siendo insuficiente para Keller. “La Comisión Europea se ha movido poco y tarde, y solo gracias a la presión ciudadana. La estrategia para 2050 dice que tendremos cero emisiones, se creará mucho empleo y todo será perfecto. Si lo creen de verdad, ¿por qué no hacemos nada para lograrlo en 2030? ¿Por qué no ahora?”.

¿Y qué hacer con los mineros? «Provengo de una región minera con muchos trabajadores dedicados al carbón. Hoy son menos porque todo está más automatizado. Necesitamos hacer una transición justa. El carbón está destinado a agotarse, así que hay que evolucionar sí o sí. Mejor temprano que tarde si queremos tener un planeta habitable. El gran problema de algunas áreas rurales es que el Estado ha desaparecido. Solo tienen el carbón. Y necesitan Internet, conexiones telefónicas… infraestructura para que las empresas lleguen. Inversiones. Por eso proponemos enviar más fondos estructurales a estas zonas, que suelen estar entre las más pobres en Grecia, Alemania, Polonia o España».

Keller habla de la Europa vacía, el concepto que, en su vertiente nacional, irrumpió con tanta fuerza en la última campaña electoral española. De los debates para esos comicios estuvo ausente Europa y el cambio climático. Desde la distancia, la dirigente cree que la crisis catalana ha secuestrado la discusión pública. «La cuestión identitaria ocupa demasiado tiempo en España. Y estoy seguro de que la gente tiene otros problemas más allá de Cataluña. ¿Por qué no se habla de ellos? ¿Por qué no hablar más de la crisis ecológica, los problemas de los agricultores o los altos precios del alquiler que expulsan a la gente de sus casas?».

Siguiendo con España, la líder ecologista se declara sorprendida porque el pacto PP-Ciudadanos incluyera el respaldo de Vox en Andalucía. «Los partidos democráticos deben estar centrados en la defensa de los derechos y valores humanos, y distanciarse claramente de la extrema derecha. Hay partidos de centro derecha que no lo han entendido. España es un ejemplo. Lo que ocurrió en Andalucía fue para mí muy, muy impactante».

Pese al ruido en la calle, la influencia del ecologismo sigue siendo limitada fuera de sus feudos en Alemania, Holanda o Bélgica. Los sondeos del Parlamento Europeo adjudican a Los Verdes 57 escaños, igualando su máximo histórico y cinco más que hace cinco años, pero todavía sexta fuerza. Su formación puede ser relevante para conformar una mayoría parlamentaria si populares, socialistas y liberales no suman o se erige una alternativa progresista como pretende el candidato socialista Frans Timmermans. «Luchamos por una Europa más social, ecológica y democrática. No vamos a apoyar a un candidato a la presidencia de la Comisión que hace poco o nada en esos ámbitos», afirma Keller sobre un eventual respaldo al popular Manfred Weber, favorito en las encuestas.  

Perdiendo el tren tecnológico

El ecologismo es el eje transversal de su programa en asuntos como fiscalidad y comercio. La candidata verde apuesta por nuevos impuestos medioambientales que graven a los que más contaminan. Y es contraria a reanudar las negociaciones comerciales con Estados Unidos mientras Donald Trump se niegue a ratificar el acuerdo climático de París. La amenaza que pende sobre la industria automovilística alemana, la más dañada si el presidente de Estados Unidos aprieta el gatillo de los aranceles, no le parece suficiente motivo para entenderse con Washington. «El verdadero problema de los fabricantes alemanes es que están perdiendo el tren de la tecnología. Si observas el mercado del coche eléctrico los encuentras con dificultad. Se han aferrado a los combustibles fósiles y han dejado que otros ocupen ese espacio», lamenta.

Keller habla con énfasis, y no deja las manos quietas mientras se expresa en inglés. Tanto que, en un movimiento brusco, vierte su taza de café sobre la mesa sin consecuencias para los aparatos electrónicos. Otra dosis de cafeína no tarda en llegar. La campaña está en marcha, y para un candidato europeo eso significa un derroche de energías extra, cruzar fronteras y pasar mucho tiempo viajando. Antigua usuaria del tren nocturno Berlín-Bruselas, Keller preferiría hacer todos esos trayectos sin salir de la vía de ferrocarril para no contaminar tanto, como Greta Thunberg, pero la apretada agenda lo hace inviable.

¿Tiempo libre? La carcajada responde a la pregunta. No abunda. En los raros momentos de inactividad, sentada en un tren o un avión, aprovecha para leer dos obras: La vida secreta de los árboles (Peter Wohlleben, Ed. Obelisco), sobre cómo se comunican entre sí, y La sexta extinción (Elizabeth Kolbert, Ed. Crítica), un best seller acerca del modo en que la actividad humana acelera la desaparición de especies animales. No hay espacio para la literatura cuando temes que el planeta deje de ser habitable.

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