Un dúo artístico para perforar Venecia

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Itziar Okariz y Sergio Prego ocuparán el pabellón español en la bienal italiana,

que abre sus puertas la próxima semana, con vídeos, ‘performances’ y esculturas

La reflexión de Susan Sontag en Estética del silencio —“cualquier silencio disfruta de su identidad en función de un tramo de tiempo perforado por el sonido”— ha inspirado el proyecto del comisario Peio Aguirre para el Pabellón español de la 58ª Bienal de Venecia, que se inaugurará el 10 de mayo (hasta el 24 de noviembre) y que ayer se presentó en Madrid. Está en el título, Perforado por,que hace un guiño a ese agujero en el tiempo de Sontag, pero también a esa necesidad de la imagen en un mundo saturado de visualidad.

La expectación es grande desde que se anunció la participación de los dos artistas, figuras respetadas del arte vasco de las últimas décadas. Itziar Okariz (San Sebastián, 54 años) y Sergio Prego (Hondarribia, Gipuzkoa, 50 años) hablaron con EL PAÍS el lunes en la sede de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), institución que participa en el proyecto de llevar una embajada española a esa especie de villa olímpica artística que cada dos años se monta en los Giardini della Bienale, en Venecia. La iniciativa cuenta con un presupuesto de 400.000 euros.

Okariz y Prego explican que su participación (decidida hace un año por un comité asesor que presidió el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel) les llenó de sorpresa y de tensión, la misma tensión afectiva que comparten desde que se conocieron en un seminario en el centro donostiarra Arteleku, impartido por el escultor y profesor Juan Luis Moraza, en 1991. Por aquel entonces, él estudiaba en la Facultad de Bellas Artes y ella se rapaba el pelo dibujando un mapamundi sobre su cabeza en Variation sur la même t’aime. Su objetivo era generar un icono a través de la alteración de su cuerpo. Una relación con la materialidad como elemento simbólico en la que Prego no tardó en trabajar, en un momento en que la tradición escultórica vasca empezó a reconocer la importancia del cuerpo como indispensable para entender el espacio.

Ambos creadores plantean para el proyecto veneciano una “ocupación desocupada”, que rehúye trabajar con el símbolo del pabellón y evitan una idea de espectacularización de la cultura, muy común en las bienales de arte, para “buscar en los intersticios, trabajar en lo insignificante y dar entidad a elementos que son puramente contingentes”, dicen. Su idea es, más bien, abrir y expandir el espacio del pabellón, llenándolo y vaciándolo al mismo tiempo, con una serie de obras con elementos de performance, vídeo, fotografía, arte sonoro, escultura y arquitectura. Un conjunto que propone, dice el comisario, algo así como un “acto de desalojo”.

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Las obras de Okariz, recién llegada el lunes de Venecia junto al comisario, pondrán en cuestión el lenguaje y la producción de signos y en qué medida estos nos definen. También abordarán las relaciones entre el sujeto, el espacio y sus modos de expresión en una reflexión sobre la naturaleza de la performance, a través de la voz y el silencio.

Respirar ante el micro

En esa clave puede leerse Respiración oceánica (2018- 2019), una de las obras centrales, en la que el espacio de la exposición y el público se funden en una caja de sonido y resonancia. La pieza plantea una performancebasada en ejercicios de respiración ante un micrófono que propaga el sonido por todo el espacio. “Es una respiración figurativa que parece el ruido del mar, pero que a la vez es algo muy abstracto que tiene que ver con la voz y que implica una base de la subjetividad en tanto que puedes identificarla”, explica Okariz. “Hay trazas de acompasamiento, de ritmos, de estructura mínima de comunicación. También una relación extrema entre figuración y abstracción”.

Las estatuas (2018-2019), otra de las piezas incluidas, presenta careos y conversaciones en voz baja que Itziar mantiene con figuras y objetos de arte y que ofrece en formato vídeo. Al hablar con ellos, les dota de aliento y subjetividad, al tiempo que desafía el sentido común. “Me interesaba ese fuera de campo de una conversación que oyes al azar, de la que entiendes solo una parte y la otra la tienes que imaginar”, añade la artista. Será la mayor instalación de sonido que haya tenido lugar en el pabellón español en la bienal. Además, Okariz ha recuperado una pieza de Mear en espacios públicos y privados, sin cortes ni edición, que nunca formó parte de los vídeos en su presentación original.

Sergio Prego, por su parte, sale del pabellón para ocupar el jardín trasero con una escultura específica compuesta de unas fuentes que muestra “la capacidad de fluidez del agua y del principio de plasticidad ligada a la forma”, una idea que el artista trata de transgredir estirando sus límites. Son obras totalmente nuevas, que no había probado nunca, y está satisfecho con el resultado, que muestra en forma de maqueta. Con el nuevo proyecto propone un uso alternativo del espacio y de la arquitectura y logra hacer un “jardín extrañado”, que completa con dibujos que ilustran especímenes botánicos, órganos corporales y otras formas biológicas y sexuales.

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