Un Giro de nivel Tour

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Ciclismo

Roglic, Yates, Nibali, Dumoulin y Landa dan altura a la carrera del Gavia y el Mortirolo

El eslogan del Giro no cambia porque la pasión de los italianos por uno de sus símbolos de cohesión no varía, así pasen los años. «Amore infinito» se titula la carrera rosa, fundada en 1909 por el periódico «La Gazzetta dello Sport», que continúa siendo su propietario y organizador 110 años después. Es uno más de los iconos del país, como la Torre de Pisa o el Coliseo de Roma, punto de unión para la Italia rica del norte y el sur más pobre. Ahí radica su éxito, ese encanto del que hablan los ciclistas, entusiasmados por disputar una prueba en la que se anima a todos, sin banderas ni exclusiones por nacionalidades o equipos. Esencia pura del ciclismo.

Tantos años adecentado el Giro para que brillasen sus corredores en un país que se mueve en bicicleta, aquellas montañas que pasaban por túneles en los 80 para favorecer a Moser o Saronni, esas etapas de cumbres interminables para dar lustre a Pantani en los 90, han dado paso a una cita internacional de gran nivel favorecida por la anestesia del Sky, ahora llamado Ineos.

El gobierno de hierro del Ineos (debuta en una gran ronda con el nuevo patrocinador) en el Tour (4 victorias de Froome, una de Wiggins y otra de Thomas) ha propiciado el desembarco de figuras en el Giro 2019. El siguiente escalón al equipo británico de Dave Brailsford compite en Italia. Un Giro de nivel Tour que hubiera sido la bomba si no llega a ser por las dos bajas de última hora: Valverde, lesionado y estresado por la falta de triunfos; y el colombiano Egan Bernal, la nueva sensación con la clavícula rota.

La nómina de inscritos que asoma en Bolonia, la fabulosa ciudad de los pórticos, es imponente. Aparece Primoz Roglic, el esloveno que fue profesional de los saltos de esquí y que, pleno de forma en la última semana por los Pirineos (ganó una etapa y acabó cuarto en París), desafió al Sky en el último Tour. El curso de Roglic invita a pensar en una candidatura sólida después de la exhibición que ha ofrecido en el Tour de Romandía. Potente escalador, gran contrarrelojista y ciclista sin miedo, el esloveno es la referencia.

También Tom Dumoulin, maglia rosa en 2017 y subcampeón el año pasado. El holandés identifica a un grupo de ciclistas que no han podido con el Sky-Ineos. Simon Yates, derrotado por Froome en 2018 en el fragor de la tierra de la Finestre y una cabalgada superior, se rehizo luego ganando la Vuelta a España. Vincenzo Nibali, quien solo pudo imponerse en el Tour cuando Froome se cayó en la primera semana de 2014. El «Tiburón» persigue su tercer Giro.

¿Landa, al Bahréin?

En otro hemisferio se encuentra el vitoriano Mikel Landa, eterno aspirante a todo en su tercera campaña con el Movistar. No ha cuajado el español desde que reclamó rango de líder en el Astana, el Sky y ahora el Movistar. En el pelotón se dice que Landa ya ha firmado por el Bahréin para la próxima temporada, aunque él dijo el otro día en Madrid que este año «toca renovar».

El Giro empieza hoy en Bolonia (se verá por Eurosport) e incluirá 46.500 metros de altitud, uno de los recorridos más difíciles de los últimos tiempos. Aporta 59 kilómetros en tres contrarrelojes, una novedad en estos días de cimas intrépidas, y regala cinco finales en alto. La cima Coppi será el Passo de Gavia, emblemática montaña donde se congeló el pelotón en 1988 en la etapa más dura de la historia. Y la cima Pantani estará situada en el Mortirolo, imagen de la dureza por sus rampas imposibles en el estrecho y angosto paso de Mazzo di Valtellina.

Coppi y L’Aquila

Oportunidades para los velocistas en la primera semana, tiempo para el cronómetro y esencia en la montaña, el Giro luce un trazado equilibrado que homenajea a sus ancestros. Llegará a L’Aquila, escenario del terrible terremoto de hace diez años que dejó 308 muertos y 50.000 personas sin su hogar. También transitará de Vinci a Orbetello, con motivo del 500 aniversario de la muerte de Leonardo da Vinci. La línea de meta de la etapa 11 estará situada frente a la casa donde nació Fausto Coppi en Novi Ligure. El recorrido entre Cuneo y Pinerolo reproducirá el famoso día de 1949 cuando Coppi infligió once minutos de castigo a Gino Bartali, donde quedó grabado la frase del locutor Mario Ferreti. «Un uomo solo al comando, la sua maglia e biancoceleste, il suo nome e Fausto Coppi».

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